El dúo que gestiona (¿?) la cosa cultural jerezana, que vive cómoda y proselitistamente pensando que el nivel de la ciudad está al alza a cada procesión extraordinaria que recorre el centro de la ciudad (a las que por cierto leo que cada vez acude menos público: hasta lo bueno cansa), ha diseñado con sordina un ambicioso cartel de refrescantes y sugerentes actuaciones capaces de atraer a miles y miles de espectadores que veranean en el litoral y que encontrarán en Jerez el edificante y atractivo reducto de ocio y cultura que esperan a pocos kilómetros de la costa. Una manera como otra cualquiera de colocarse en el mapa. Se trata de un despampanante cartel de estrellas de primera fila que ríase usted de El Puerto con Miguel Poveda en la plaza de toros y de Marbella con sus casposos conciertos estivales de la Pantoja y Julio Iglesias. Sarcasmos aparte, ha tenido mucha guasa que uno de los grupos que integran el cartel lleve por nombre A dos velas, casi como lúgubre ironía del que se prevé con creces otro tierno verano a pan y agua lúdico-cultural por estos lares.
Y eso que nos salva el flamenco, recurrente clavo ardiendo al que se han agarrado nuestros gobernantes municipales para justificar lo injustificable y tamizar su alarmante falta de imaginación y decisión, salvo para dedicar una ración de actividades especiales a la conmemoración de la integración de Jerez en la Corona de Castilla. Es ese, sin ningún género de dudas, el acontecimiento que están esperando todos los jerezanos y visitantes con impaciencia pero que, eso sí, aún tardará en llegar algunos meses. Seguiremos aguardando con inusitada expectación, aunque mucho nos tememos que se trate de un sentido homenaje a las políticas que se están poniendo en marcha o que pretenden aprobarse, las cuales son más propias de los tiempos de Alfonso X el Sabio que de la sociedad actual. Un Rey, por cierto, visionario que tanto tiene que ver con la historia antigua del municipio y que atinadamente impregnó su reinado de conocimiento sin desdeñar las instituciones y las inversiones necesarias para ello. Hay estudiosos que incluso defienden que no sólo no renunció a otras culturas sino que se acercó a ellas con humildad e interés personal, pero también con un claro deseo de extrapolar en lo posible esta sabiduría a su pueblo. No sé qué pensaría de este Jerez de hoy pero volviendo a las dos velas que nos esperan en este territorio yermo de actividad cultural para combatir la canícula, el Sabio trovador lo mismo afilaba su espada y se liaba a cortar cabezas.
A propósito de todo esto vuelven a venirme a la memoria aquellas Noches de bohemia que con mucho acierto se pusieron en marcha hace ya algunos veranos. Discutible sería el reparto de entradas de cortesía por la cara que mermaron su rentabilidad, pero una cosa no quita la otra. Por no hablar de las gloriosas noches de Espárrago, con artistas que arribaron en Jerez y que jamás hubiesen venido si no es por ese macrofestival. O incluso de aquellos conciertos del Campo de la Juventud, que movilizaban a muchos jóvenes de fuera y de dentro del término municipal para ver a reconocidos artistas pop-rock. También me han hablado de las Noches de Alcazaba en la Alameda Vieja. Fueron gloriosas al parecer aunque yo por mi edad no tuve tiempo de disfrutarlas. Hubiese fallos o aciertos, como en casi todo, quiero pensar que en esos años hubo sensibilidad cultural, social y conocimiento de lo que se traía entre manos. E incluso, por qué no, el objetivo confesable de generar riqueza y empleo por mor de eso que ahora llaman cansinamente industria cultural, un asunto que guardamos para su debate en mejor ocasión.
Pero de repente, retrocedemos y volvemos a convertirnos en villorrio donde veranea y disfruta el que puede y quien se queda pasando calufa se muere de asco sin una triste granizada que llevarse a la boca. Total, pensarán, con tanto paro, quién va a tener para una entrada de concierto que además tiene un sobrecoste del famoso 21% de IVA cultural. Y no hablemos ya de los jóvenes. Hasta el Creamfields, un festival donde la muchachada acudía a beber mucha agua mineral y a sudar la gota gorda bajo el chunda-chunda de la música electrónica, ha cogido las de Villadiego y se ha borrado de la agenda del verano jerezano para volver a su Almería natal. Dice el punto 55 del balance de gestión municipal de los dos últimos años en su página 30: Conciertos de verano en el Alcázar. En colaboración con la Delegación de Turismo, Cultura y Fiestas, se está preparando una programación de conciertos en el Alcázar donde se van a incluir grupos para el público joven. No sé si referirán a la zarzuela La revoltosa o a José Manuel Soto en ese epígrafe, pues ambas citas ya están confirmadas, pero desde luego no veo un enfoque llamémosle juvenil por ningún sitio. A menos que los gustos de la juventud hayan virado de un día para otro y yo ya me haya quedado anticuado. Por cierto, ¿alguien ha pensado en empadronar a los integrantes de la orquesta de Colonia en Jerez? Son los únicos alemanes que vienen a España a currar todos los veranos desde hace cuatro años. Y eso que aquí estamos literalmente a dos velas.
@PacoMugica