De puntillas y en silencio, como se van las sombras y algunas vidas, así te marchaste. Dejando esos años atrás lo mismo que el otoño deja las ramas de los árboles; esqueletos que apenas recuerdan el tiempo de sombras y sosiego.
Adiós princesa, adiós, musité casi sin darme cuenta, cuando eras ya un punto en el camino, el último vagón de fanalillo encendido: yo en mitad de la vía, tú alejándote hasta convertirte en un bosquejo, pincelada clandestina de los días fugados.
Ahora que ya no estás, si bien sobrevives en mi memoria, echo de menos tus miedos, tus caprichos y desvelos. Ahora que ya no estás, anhelo la mano de mi madre por el camino de los años primeros. Añoro lo vivido junto a ti, lo soñado, lo llorado, lo reñido.
Adiós princesa, adiós.
Guárdate de los que con los años te olvidan, de los que no te recuerdan, siquiera sea solo unos de tus retales, en lo más profundo de su alma. De los que en las noches ya sueñan contigo nada, de los que no te extrañan, de los que no te dijeron, niñez, cuantos días de ilusión y de pueril miedo, ¡ay, amiga!, viví contigo.
Autor: Juan Manuel Sainz Peña (escritor)