Suda a espuertas. Las palmas de las manos le resbalan y las gotas de una transpiración salvaje le caen por la nuca y la sien. Acaba de entregar la documentación del coche, tal y como le han requerido, y ahora nota el corazón mandándole furiosos golpes al pecho mientras un hombre examina los bajos del automóvil en busca de una prueba irrefutable.
-Si sigues sudando así va a darte un infarto.
-No… no puedo remediarlo, Marisa. Si encuentran algo estamos perdidos.
La linterna revisa los bajos. El haz de luz va de un lado a otro ante la atenta mirada de otro hombre que atiende también al monitor que hay en la garita.
Al poco el que está bajo el coche anota algo en un papel y mira al conductor. No sonríe, no gesticula. Sigue tomando notas, consulta algo con el compañero uniformado y le dice al conductor que avance unos metros.
-Lo dicho, te va a dar algo. No sé a qué viene tanto nervio, hijo.
Después de eso el hombre le devuelve la documentación. El conductor suelta un largo suspiro, arranca y sale de allí.
-Hay que ver ?dice la esposa ? que todos los años, cada vez que tenemos que pasarle la ITV al coche, te ocurre lo mismo. Algunas veces, Manolo, pareces gilipollas.