Te has sentado a la orilla de la cama y me has mirado, sumida en tu habitual silencio. Me observas tranquila mientras te devuelvo la mirada y poso una mano sobre tu cuello.
Han pasado ya 3 años, y es imposible que pueda quererte aún como el primer día. Con el paso del tiempo has conseguido que te ame como no he amado a nadie. Has logrado hacerme reír, ser feliz. No he tenido jamás dudas de tu fidelidad, y sabes bien que no puedo vivir si no te tengo cerca.
Quizá no puedas entender cuanto te digo, cuanto te escribo. Pero a veces, en la quietud de la noche, pasa por mi mente, como una funesta estrella fugaz, la idea de tu ausencia y no puedo soportarlo. Entonces enciendo la luz y me miras. Jamás te enfadas por eso, como nunca te enojas por nada. Sencillamente me estudias con esos ojos negros de azabache, te subes a la cama como si quisieras preguntarme si estoy bien. Entonces te acaricio como siempre hasta que te tumbas a mi lado, peluda y tierna. Duerme, Greta, te digo, y me lames la mano hasta que me duermo yo, justo antes de dormirte tú y soñar con ese perrillo del quinto que tanto te gusta ?a mí me gusta su dueño?, o con el parque donde te encanta que te tire la pelota entre ladridos y arrumacos.