¿Árbol natural o de plástico en Navidad?

18/12/14 +Jerez Jesús Sánchez

Elegir entre un árbol natural o uno de plástico para colocar con sus adornos en casa en Navidad conlleva distintos matices si queremos ser respetuosos con el medio ambiente.

“Tus montes te lo agradecerán. ¿Colaboras?”, es el mensaje incluido en la cuenta de ‘twitter’ de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, que ilustra con una imagen del guardabosques de los dibujos animados 'El oso Yogui'.

Hay quienes apuestan por adornar las casas esta Navidad con un árbol artificial, que como ornamento sirve igual que uno natural, aunque tenga menos encanto.

Los árboles naturales que se usan para colgar las bolas y adornos navideños pueden acabar muriendo una vez pasadas las fiestas si no son trasplantados a tiempo, al haber perdido sus raíces el contacto con el suelo en el que vivían antes.

Desde el Colegio y Asociación de Ingenieros de Montes se explica que “estos árboles -en particular los que se venden en la Escuela de Ingenieros- proceden de un vivero de nuestro país, especializado en la producción de abetos, Abies nordmanniana y Picea sp., que son las especies más clásicas en la Navidad”, afirma Jesús González Capitán, director técnico del Colegio.

Producciones controladas

La mayoría de los abetos de Navidad proceden de producciones controladas para ser árboles de Navidad. Donde queda el hueco del árbol vendido otro será plantado. “Además -recalca González- hay que tener en cuenta que durante su crecimiento ha estado generando oxígeno y fijando CO2, mientras que el árbol de plástico sólo ha generado contaminación en su proceso de producción”.

Comprar un árbol con raíces “es una garantía de que proceden de vivero, y es imprescindible si queremos que el árbol tenga una oportunidad de ser replantado tras la Navidad”.

Desde el Colegio se asegura que el porcentaje de abetos que sobreviven no llega al 10%. “A pesar de este dato existe una ventaja primordial entre un árbol natural en la basura y uno que es de plástico: el primero, además de no contaminar aunque sea un deshecho, aún puede convertirse en biomasa o en compost; el segundo precisa, en el mejor de los casos, de un proceso de reciclado, y ese proceso también implica la emisión de gases contaminantes”.

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