Arrebatos de sinceridad

05/07/13 +Jerez Paco Sánchez Múgica

Mediáticamente se valora tanto una pillada de un político o de una personalidad influyente, como cuando alguno eleva el tono ante un micro abierto o frente a una grabadora ‘on the record’, porque en la nebulosa políticamente correcta que nos impregna nos hemos acostumbrado a un relato diario donde muy pocos dicen abiertamente lo que piensan y son mayoría quienes aparentan una cosa y ejecutan la contraria. Un aterrador doble lenguaje, repleto de eufemismos y palabras bien sonantes, que poco o nada bueno esconde ante una sociedad que, a menudo, simple y llanamente lo que reclama es que se le hable bien claro. Me viene a la cabeza esto al leer la noticia de que el socialdemócrata Hollande ha destituido a una de sus ministras por desnudarse (políticamente hablando) públicamente y revelar sus verdaderos pensamientos en torno a la política de austericidio que nos ha hecho preso de una extraña dictadura de eso que llaman los mercados. Hay que ser torpe, o ingenuo, para una ocurrencia del calibre de decir lo que uno piensa en contra de la opinión del que manda de verdad. Y también me he acordado del congresista que interpreta un magistral Kevin Spacey en la serie ‘House of cards’, cuando se despega de la escena y en un aparte narra cara a cara ante el telespectador sus verdaderas intenciones o el contexto real donde se desarrolla la trama, a menudo putrefacto.

En el primer caso, el presidente francés ha despedido a su titular de Medio Ambiente porque públicamente ha censurado los recortes y ha admitido directamente  y sin ningún tipo de tapujos que los presupuestos del Gobierno galo son “malos”. Cansado de las salidas de tono de sus ministros, Hollande ha dado un severo tapabocas para que a ninguno más se le ocurra decir a las claras lo que piensa, reflexiones curiosamente que probablemente coincidan con lo que piensa la opinión pública en su amplia mayoría. En el caso de la serie cuya traducción en español sería ‘Castillo de naipes’, el congresista Francis Underwood procura que a menudo el espectador conozca de su propia boca sus maquiavélicos planes, como si rompiera ese maleficio que impide al político decir en todo momento cuáles son sus verdaderas motivaciones y qué es lo que realmente pretende. Son sin duda los mejores momentos de cada capítulo de este adictivo thriller político que recrea en su primera temporada (en 2014 se prevé el estreno de la segunda) las cañerías de Washington y, en general, la turbiedad y pestilencia que rodea al poder. Imaginen que en una rueda de prensa el presidente Rajoy se dirigiera a cámara y confesara que es falso que estemos saliendo de la recesión y que su gobierno aún puede ahogarnos más. O que Botín reconociera en primer plano que la banca es una de las grandes culpable de las políticas especulativas de los últimos años y que por culpa de muchos banqueros que aún no han ido al trullo estamos como estamos. O que Bárcenas o cualquiera de los imputados por el escándalo de los ERE andaluces admitiera ante el juez que las cosas no se hicieron de la forma más lícita posible. Probablemente el sistema se derrumbaría porque desgraciadamente la sinceridad total ni es buena para nadie, ni cotiza en el parqué de la vida. Una pesada losa que probablemente no sólo nos haga ser peores personas sino que básicamente nos impide vivir mejor y en un mundo más justo.

@PacoMugica

 

Advertisement