Curro y Paula: el soplo del toreo

05/11/11 +Jerez +Jerez
Como no podía se de otra forma cuando en pocos metros cuadrados se reune tanto arte. Los duendes revolotearon la flamenca Peña de "Tio José Paula" en el corazón del barrio de Santiago donde lo cotidiano se da la mano con el compás y el embrujo. Hubo sencillez, estilo y majestad en todo el desarrollo del acto. Como en las tardes de gloria de Romero y Paula se palpó en el ambiente los silencios, los ecos de sonidos negros y las sensaciones del toreo eterno. Abrió plaza Joaquín Albaicín autor de varias obras taurinas como "Diario de un Paulista" dejando gotas del arte calé que atesora y hereda de antepasados toreros. Jesús Soto echó el resto, con dedicatoria a Moraíto como no podía ser de otra forma que "tenía en sus manos el compás de Jerez" para luego acordarse del maestro Antoñete, El Gallo, Belmonte, Pepe Luis Vázquez, Manolete, Curro Romero y como de su padre Rafael de Paula.Hubo en la presentación un reverdecer de sentimientos que duermen en las personas que han vivido tardes de "clamores y espantás". Porque no podía se de otra forma al hablar de Curro y Paula que tuvieron un intercambio de palabras llenas de cariño y gracia. Paula setenció; "Yo no tenía las piernas de Curro y eso era una realidad. Logicamente quería siempre ganarle pero....hombre yo no soy tonto y es que Curro estaba preparado". El maestro anduvo suelto, afable y sobre todo satisfecho con el trabajo de su hijo del que dijo; "El que lo conoce bien soy yo, el que lo entiende mejor que nadie, ni la madre, ni los hermanos lo conocen como yo.... y lo que necesita es tener suerte".Curro también abrió el tarro de las esencias para decir que "estoy Jesús aquí a favor de querencia porque valoro lo que escribes....como tu valoras mi toreo. De tu padre que voy a decir, han sido tantas tardes....solo que sus piernas no le ayudaron pero su toreo siempre me ha cautivado".Hubo lágrimas, palmas y fueron jaleados cada vez que hablaban. Sin duda la noche estuvo adenduada y resurgieron sentimientos pasados pero que serán eternos.El libro contiene retazos de misterios, pellizcos de bronce y oro, visión de un gran aficionado con un análisis por ejemplo muy acertado del toreo de José Tomás y sobre todo está lleno de sentimiento. José A. Jiménez
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