El real convento de Santo Domingo, situado entre las calles Sevilla, Larga y Rosario, tiene su origen en una fortificación almohade, que una vez conquistada Jerez por parte del monarca Alfonso X en 1264 fue cedida a los dominicos.
Poco a poco fueron ampliando el edificio, finalizándose la obra de los claustros en 1595, de estilo gótico. Tras la expropiación, la orden fue expulsada y pasó por diferentes propietarios privados, hasta que en 1983 se expropió a José María Ruiz Mateos y pasó a manos del Consistorio municipal. Tras 12 años de obras, la rehabilitación se finalizó en 2012.
Estaba compuesto por una serie de edificios que ocupaban toda una gran manzana. En la actualidad sólo lo forman la iglesia y el convento, construido tras la vuelta de los dominicos a la ciudad.
Existe una gran variedad de estilos en el conjunto, abarcando desde el gótico mudéjar hasta el neoclasicista. En la fachada hacia la Alameda Cristina hay dos cuerpos diferenciados, un arco del triunfo, con un solo arco de medio punto y dobles pilastras, y otro cuerpo con tres plantas de altura con frontón en las ventanas, hacia la plaza Aladro, la puerta del campo, con un arco de medio punto, dos pilastras y rematado por un frontón.
En el claustro, un gran patio de planta cuadrada con cuatro parterres de césped y una fuente central, están flanqueados por cinco arcos apuntados en cada lado del patio y contrafuertes intercalados entre estos.
En la planta superior, de menor altura, se observan ventanas rectangulares rematadas por arcos.
En el interior podemos ver en la planta baja bóvedas de crucería y en la planta superior, resuelto de manera más sencilla con arcadas rebajadas.
El uso del edificio actual es dotacional y gran parte del mismo se dedica a exposiciones.