La historia en España ha sido poco valorada hasta ahora, sólo hay que comprobar que seguimos en nuestra sintonía cuando un equipo científico, localiza los restos de Cervantes y comprobamos como se sitúa la prensa, oposición política, literatos etc… La historiografía española, ha recurrido incluso a los denominados hispanistas para que resolviesen cuestiones y conjeturas sobre nuestra propia historia. Aunque, esta dinámica parece que va cambiando, si es cierto, la existencia no obstante de la problemática de los eruditos y enchufados que carecen de titulación, basándose muchas veces en las leyendas y sus propios caracteres hedonistas para avanzar en una historia hecha a su medida. Muchas veces, esa historia está fundamentada en la historiografía extranjera y en este caso que narro, de la historia estadounidense.
Hasta hace muy poquito tiempo, los EE.UU de América, los Yanquis para los amigos del sur confederado. Han contado que en la funesta Guerra de Cuba de 1898, nos pisotearon, arrasaron a los demonios españoles, expulsándolos bajo su dogma de la Doctrina Monroe sintetizada en América para los americanos ¡¡Ole tú, Jame Monroe, de arte!! Para liberar la isla y el pueblo de Cuba. Que les reventamos el acorazado Maine por la espalda, de manera ruin y malvada. Y que cuando le dieron a Cervera la del pulpo, este paisano gaditano de Medina Sidonia no les invitó ni siquiera a un alfajor al reconocerles ellos (válgame Dios) su heroísmo patriótico.
Para la Historia Norteamericana, la guerra de Cuba fue un llegar y conquistar, de hecho, cuando comenzó esta aciaga guerra (como todas) la propaganda política enardecía contra la inferioridad española. Ahora (en ese capítulo histórico) es cuando de verdad los españoles iban a probar el acero estadounidense. Pero algo se torció en su prepotencia. Un cambio en su postura hizo recapacitar a los altos mandos de la valentía del ejército español, chavales de 18 y 19 años reclutados de manera cuasi forzosa en los Quintos de su majestad el Rey de España, harían de los nombres de el Caney y la Colina de San Juan, el primer parecido al Vietnam del pasado siglo para las tropas de uniforme azul y bandera de estrellas.
Justo, en esas líneas de trincheras y blocaos, los españoles consumían un brebaje que les insuflaba coraje y cojones. Palabra esta última muy española para denominar al valor. Una pócima similar a la del pueblo de Asterix, para ayudar a echarle Huevos a los Mambises y Yanquis. El denominado en un principio Corajillo, una mezcla de la actual denominación de Brandy de Jerez (anteriormente Coñac) con el rico café de la isla. No se sabe a ciencia ciertas la evolución del término Corajillo a Carajillo, las raíces históricas del Corajillo español fueron mezclándose en diferentes ámbitos de la cultura española de los café y tertulia intelectual, obteniendo gran presencia desde los años 60, parece ser, justamente una década más tarde, su nombre se recubrió de inconformismo gracias a dos fanzines alternativos que aprovecharon su calificativo en sus respectivas cabeceras: tanto el Carajillo, como el Carajillo Vacilón. En los años de La Movida, ha estado representado en temas como Los Rodríguez y Sabina, incluso Buñuel, se tomaba un carajillo antes del inicio de cada día de rodaje de Viridiana.
Hoy en día se sigue tomando con asiduidad en bares y tertulias entre amigas y amigos. Una bebida que surgió de la trinchera, donde esos Quintos bajo la voz del barbudo General Vara del Rey dieron una lección de serenidad, valor y sacrificio, logrando la admiración de sus enemigos. Unos enemigos que les triplicaban en número y que también murieron en El Caney por los colores de la sinrazón y los Mauser españoles. Tal vez, un trago de ese espirituoso mezclado con café, les trajera recuerdos de su tierra peninsular a muchos de esos soldados españoles, un sabor de añoranza.
En honor a esos Quintos se compusieron numerosas canciones que se hicieron populares, uno de ellos interpretada magistralmente por La Paquera de Jerez, que aunque fuese otra guerra diferente a la del 1898, habla de lo que se sentía en esos momentos de despedida: (…) ya se van los quintos mare, ya se van los de Jeré, se llevan a los buenos mozos, del barrio de San Miguel (…) Solo faltó nombrar al carajillo.
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