De lo que en la cama halló

26/09/13 +Jerez Juan Manuel Sainz Peña

Madrid. 16 de septiembre de 1631

Bebed otro trago y escuchad lo que he de contaros, que no han de faltar en la Villa y Corte chanzas y chascarros como el de don José Pelayo, marqués de Villacarneros, hombre que fue de noble condición, pero que ahoga ahora, sucio y con harapos, el penar y la vergüenza en mi taberna, rumiando entre vinos aquella frustrada noche de amor con Luduvina, hija de don Edmundo Pacheco, militar de los Tercios, y que dio lugar a este gatuperio.

Hace un año rondó la casa de la tal Luduvina el marquesito, pues andaba de ella enamorado hasta los huesos. Pero hete aquí que, enterado de los devaneos, don Edmundo apartó del pecado de la carne a su hija en la noche que los dos iban a encontrarse.

Cuando dieron las completas trepó Pelayo hasta la ventana, cuya reja había manipulado la doncella. Halló el marqués -que achispado por el vino venía- poco preámbulo para el amor: apenas ropa femenina y unas nalgas tersas y sin vello que le esperaban en la penumbra para saciar su sed, y que el ardiente don José no dudó en intentar probar, bajándose a toda prisa las calzas, sin esperar arrumacos ni más coqueterías. Allá fue, os digo, todo hombre, dándose mucho sofoco por el calor y el peligro de ser sorprendido.

Pero antes del acto se empeñó el ardiente noble en besar a Luduvina encontrando, no la cara angelical de la muchacha, sino el gesto sorprendido de un efebo pisaverde, y que había aceptado las monedas del militar a cambio de dar un escarmiento al marqués.

A punto estuvo don José de desenfundar la toledana y hacer pincho al chico, pero la oportuna intervención de don Edmundo evitó convertir esa misma noche al noble, además de en sodomita, en criminal.

Corríose pronto la voz por Madrid y sus mentideros, exagerando el hecho y dando por cierto que hubo acto. Aquí tengo la prueba, en forma de hombre hecho piltrafa, al que hiere la coplilla que unos y otros canturrean para escarnio del pobre aristócrata, borrachín y desdichado:

De lo que en la cama halló, cató.
Mas como ni siquiera preguntó,
poca hembra gozó.
Perdió pues el marqués,
de la noche al día,
título, presencia y gallardía

Juan Manuel Sainz Peña (escritor)

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