Dejaros el alma en el campo

21/11/13 +Jerez Juan Manuel Sainz Peña - Foto: richmondpulse.org

 

No podía conciliar el sueño. El bombo les había emparejado con el Real Madrid. A ellos, a un equipo plagado de jugadores aficionados. Pero así era la Copa. Y ahora Pedro Almendralejos, defensa central del equipo, daba vueltas en la cama soñando con marcar a Cristiano Ronaldo, a Bale. Cualquiera de ellos. Y después pedirle la camiseta.

“Dejaros el alma en el campo. Salid ahí y sed felices, pero no desaprovechéis la oportunidad”, les había repetido el entrenador, el único profesional del equipo.

Y llegó el partido. El pequeño campo de fútbol del pueblo repleto. Los seguidores con las bufandas de los dos equipos. Los niños con los ojos como besugos viendo a sus ídolos detrás del balón. Y a Pedro… A Pedro le había tocado marcar a Ronaldo. Observó su pecho de gladiador, sus piernas como dos jamones 5 Jotas. Su potencia descomunal.

Gritaba. Todo el pueblo gritaba, y cada vez que el defensa cortaba un balón la sangre le bullía en la cabeza.

“Dejaros el alma en el campo”.

Y llegó la falta. Ocho hombres en la barrera.

“Dejaros el alma en el campo”

Puso Cristiano el balón. Aulló la grada.

“Dejaros el alma en el campo”

Pedro Almendralejos era feliz. Allí tenía al crack, dispuesto a lanzar la falta.

Y lanzó. Un misil. Una bomba. Un cohete.

“Dejaros el alma en el campo”

Esa fue la última vez que recordaría aquello.

El balón impactó brutalmente contra él. Salvaje. Feroz.

Primero no sintió nada. Luego un dolor sordo. Mareos, hasta que cayó al suelo, redondo.

A lo lejos, montado en una camilla, escuchó a su entrenador decirle:

-Ánimo, Pedro, que te has dejado todo en el campo.

Y el otro exhausto, no pudo responder más que balbuceando, medio grogui:

-Todo no sé, míster, pero los huevos, seguro.

 

Advertisement