Desde el tendido por José J. Duarte

10/03/11 +Jerez +Jerez
Cuando me piden opinión sobre el estado actual de la fiesta no sé por dónde empezar; si por el alarmante descenso de los festejos; si por el sufrido y explotado escalafón novilleril; si por los toros que ni lo son ni lo parecen; si por la falta de personalidad de los toreros… Pero lo que me preocupa, más bien me indigna, del estado actual de la fiesta nacional es la manipulación permanente que sufre por un sector importante de la clase política que es incapaz de compartir la cultura y en su defecto la utiliza como arma arrojadiza para eliminar la huella, imborrable, que supone todo lo español en una sociedad plural a la que unen más cosas de las que las separan y una de ellas, posiblemente la raíz pivotante de nuestra cultura, es la tauromaquia. Arma que busca intereses partidistas para unos y de nacionalismo barato y fácil para otros y mientras, los animalistas, con Alicia en el país de las Maravillas. Pero yo me quedo con el arte de Cuchares, enraizado en el pueblo desde hace más de tres siglos y evolucionando desde tiempo inmemorial, en la guerra, a caballo o a pié (los tres estados de la evolución de toreo), en la interpretación de cada artista, unos desde la lidia más caliente, en el mano a mano con el toro, en la conquista de los terrenos en batalla desigual , el hombre contra la fierra, enseñándole el camino, enseñándole quien manda, enseñándole a embestir hasta ganar la batalla. Otros, componiendo una sinfonía de seda y oro, templando el aire que presagia la gloria o la tragedia, el equilibrio entre lo bello y lo dramático; lento, pausado, desmayado, acariciando la vida, susurrando a la muerte quien es quien. Arte que cautiva con su verdad y no con marchantes interesados que adulteran la realidad del toreo. La fiesta en su más pura esencia, con el toro en punta y bravo, ese toro que enciende el alma las tardes de emoción y miedo, de vino y sol; toro de toreo recto y claro; de circular largo e inspirado; dominando la muerte, sometiéndola, venciéndola y en su desengaño, la culminación de una obra de arte efímera. Esta es la fiesta que quiero, la que me preocupa y la que debemos reclamar a quien corresponda, no conformarnos con lo que nos den. Con el máximo de los respetos para todos, pero no es lo mismo ser espectador que aficionado y como aficionado participamos no solo en ir a la plaza una tarde de feria o una tarde de verano sino en la conservación divulgación y promoción a través de los foros disponibles ya con las nueva tecnologías ya en las peñas y círculos taurinos, de la fiesta brava. En nuestra exigencia esta la legitimación de la fiesta ya que para los políticos solo es una herramienta de trabajo y nosotros ni un puñado de votos. José J. Duarte
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