El Brandy de Jerez: una percepción

29/05/14 +Jerez Francisco José Becerra

Una percepción es lo que voy a relatar. Esta pasada Feria ha sido una gran feria según mi punto de vista particular, sin duda algo totalmente subjetivo. Pero profundizando en la crítica, lo teníamos todo a favor, capitalidad del vino, los hoteles contentos, nuestro fantástico González Hontoria, un recinto maravilloso pero con unos ‘jardines’ con similitud a la España arrasada por los de siempre y una de las ferias que si no la más grande, la más bonita sin duda alguna.

La Feria del Caballo es uno de los grandes escaparates para dar a conocer a los que nos visitan e incluso a los que viven aquí y disfrutan de las bondades de nuestra tierra por lo menos una vez al año. En esta fiesta tan nuestra, se pueden contemplar los tres estandartes que ondean en nuestra bandera cultural: el caballo, el flamenco y por supuesto el vino, nuestro Jerez. No digo nada nuevo.

Hablando del Jerez (estando inmersos en esta misma percepción) contemplamos que nuestros generosos cada vez se respetan más, no sólo por ver cada vez más catavinos en nuestro Real, sino por la reinvención que se observa en casetas importantes para darle cabida a nuestros vinos en otra clase de copas más estilizadas. El Oloroso, el Amontillado cada vez se deja ver más frecuentemente en nuestro recinto, es de halagar ver a turistas y gente joven con catavino en mano bebiendo oloroso u otra clase de jereces secos y generosos de licor. Aunque la palma se la lleva claro está el rey del albero, el Jerez Fino.

Pero si profundizamos en esa percepción subjetiva, nos daremos cuenta de que falta algo que también es muy nuestro, un gran tesoro que proviene de nuestros vinos, para ello parafraseo al fotógrafo Cristóbal Armario: “El jerez, es el cochino de los vinos”, una verdad absoluta. Y es que de nuestras soleras su consumo no solo se destina a la elaboración del jerez, sino al Vinagre de Jerez y al Brandy. El Brandy de Jerez, ese espirituoso que no bebida espirituosa, es una de nuestras mayores joyas, todo un jamón de 5J que comprende ritualización, se bebe preferiblemente en copa de balón, y su mecanismo de crianza es puramente artesanal procedente de destilado de uva palomino. Las vasijas donde duermen, son botas de roble americano previamente envinadas con Fino, Amontillado, Pedro Ximénez u Oloroso, cada una le da sus características organolépticas a este elixir. Maravilloso, ¿no?

Pues a lo que vamos, este néctar no se ve prácticamente en nuestro mayor escaparate turístico, no lo beben ni en el macro botellón de los ‘jardines’ del Real. El desconocimiento incita a denominar al brandy ‘coñac’ y es más, aunque bebas una gintonic, que es una de las colonias de modas más decoradas (le echan ya hasta fresas) te rebaten que “el coñac tiene un viaje de grados”, y para colmo, te lo dice una persona que está bebiendo un destilado como la ginebra que ronda los 50 grados de Vol. Alcohólico, cuando un Brandy de Jerez marca en su mayoría los 36º Vol. alcohólico.

Pocas son las casetas en Jerez que apuestan por nuestros espirituosos, pero “no por náh” (matizo) sino porque no lo piden. Lo mismo prácticamente pasa en todos los bares de Jerez (su cuna). Y así nos va. Mientras en Londres le pegan al gin, en Tenessee al bourbon, en La Habana al ron y en Santiago de Compostela a sus licores y orujos de hierbas, aquí en Jerez parece que es más transgresor defender lo que venga de fuera, aunque por lo menos… Esta feria un conocido que se atrevió a juntarse conmigo lo probó, tras varias insistencias, le gustó y terminó por comprarse una botella. Parafraseando o mejor dicho, como dice mi compañera Inma Peña, “menos da una piedra”. Otra percepción.

Autor: Francisco José Becerra Marín (Redactor de La Sacristía del Caminante)

@lsdCaminante

www.lasacristiadelcaminante.com

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