El ferroviario

03/12/14 +Jerez Juan Manuel Sainz Peña

Dicen que estoy loco. Que he perdido la razón en mis muchos viajes. Pero es cierto lo que digo: vi muchas veces a Jaime Vidal, el viejo ferroviario de Chamartín, observando el ir y venir de los trenes, el bajar precipitado del pasaje, sus urgencias, las maletas rodando, entre el suelo y, acaso, los sueños en ellas depositados. Porque los viajeros, decía Vidal, son almas errantes, paisajes furtivos de las estaciones, existencias que apenas alzan la cabeza para mirar el reloj, la vía y los trenes.

Sí, yo vi muchas meces al ferroviario con su gorra, su bandera y su silbato, como un personaje anacrónico, entre modernas locomotoras y vagones con televisión. Y vi, como siempre, el azul líquido de sus ojos siguiendo los trenes hasta que se hacían un punto en la distancia y terminaban por desparecer. Yo vi, aun a riesgo de que me sigan llamando loco, a Jaime Vidal acariciar la cabeza de los niños que, entre asustados y nerviosos, iban a tomar su primer tren. Y he visto, también hoy, su porte elegante, su pelo entrecano, su piel curtida por el sol y por los años. He escuchado su voz, el eco de su risa. Me ha saludado alzando su mano huesuda y me ha dicho adiós con los ojos derramados de nostalgia. Y yo le he sonreído en silencio, tras la ventanilla, hasta que su recuerdo, como el tren en la distancia, se ha difuminado y he vuelto a acordarme de él, ahora que hace ya un año que murió, acaso sin otro rezo entre los labios que aquel: ¡viaaaajeros al tren!

Autor: Juan Manuel Sainz Peña (escritor)
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