El Inspector (V)

14/05/14 +Jerez Juan Manuel Sainz Peña

Todavía estoy temblando. Vengo de hacer las inspecciones a los servicios de las casetas. En fin. trataré en la medida de lo posible de ahorrarme escatológicos detalles que revuelvan el estómago. Aunque a estas alturas de la Feria lo más normal es que ustedes, que han sido capaces de resistir con los montaditos de pan duro, la tortilla precocinada y el rebujito (que es un engendro para investigar aparte), no se vean afectados por mis descripciones.

Lo primero que tengo que decir es que, aunque no esperaba servicios alicatados con azulejos de Porcelanosa, al menos tenía la esperanza de que presentaran un aspecto cuando menos limpio. Pero nada. He visto retretes en las cárceles de Birmania más limpios que los de las casetas que visité. Un horror.

Lo primero que apunté en mi informe es la carencia de tirador para liberar el agua de la cisterna. Al parecer, la cadenita y la perilla de plástico desaparecen a las pocas horas de haberse inaugurado el alumbrado del Real. Dicen los caseteros a los que fui a ver, que es como la huelga de autobuses en Feria: una tradición.

¿Papel higiénico? Hombre, haberlo, hay lo, pero por una extraña razón que no he alcanzado a descifrar, casi siempre está tirado por el suelo, empapado e inservible. Por supuesto, no hay repuesto, como tampoco hay tapadera en la taza, ni para sentarse (que ya hay que tener ganas de pillar la gonorrea) ni para aliviar los efluvios propios de sitio tan delicado.

Otra cosa que he anotado en mi informe son la cantidad de charcos que, desde primera hora, se forman en el servicio. Charcos de origen desconocido, pero que he preferido no investigar. Ah, y por supuesto, lo de servicios para caballeros o señoras pasa a mejor vida a medida que transcurre la jornada y la borrachera va en aumento, de manera que en el de hombres se meten tres mujeres y en el de mujeres se cuelan dos viejos sin nada ni nadie que lo remedie. Inaudito.

Advertisement