Y allí sigue el solar, esperanzado en que al igual que la Basílica de San Pedro del Vaticano tardó 120 años en construirse, él pueda ser palpable realidad en el futuro. Pero sigue enorme y ocioso. Paralizado. Repleto de jaramagos y malas hierbas, que es lo único que crece en ese suelo. Con sus alrededores desmoronándose ante el paso del tiempo y la inercia. Los arquitectos ordenaron desmontar un día la oficina y pusieron el proyecto en barbecho hasta nueva orden. El Estado, que tardó lo suyo en creerse la película, llegó a decantarse y aseguró que se haría cargo del proyecto y dijo que allí se levantaría el Centro Internacional de Arte Flamenco, pero la realidad es que se encogió de hombros al primer titubeo municipal. Y, para rematar, los inversores que se frotaban las manos agazapados con el renacer de la zona se esfumaron tras la ocasión perdida: hasta 20 millones de euros llegaron a desembolsar para comprar solares, casas caídas y palacios deshabitados. Pero la oportunidad se perdió y será difícil volver a montarse en un tren que pasó de largo dejando un rastro polvoriento como aquel coche de míster Marshall.
Hoy casi nadie discute el impacto del circuito para la ciudad, Cádiz y Andalucía. Todos sacan pecho y todos ofrecen enormes cifras difícilmente refutables alabando el impacto económico del trazado cuando éste alberga eventos de alcance mundial como el Gran Premio de Motociclismo. Mañana, o eso creo, nadie habría puesto en duda la relevancia de la Ciudad del Flamenco como proyecto emblemático y dinamizador de Jerez, hasta el punto de resituar al municipio en el mapa como centro neurálgico de una industria cultural y de ocio ligada a un género que es considerado por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Ni siquiera escamotearían elogios al dúo Herzog y De Meuron por haber diseñado un espacio de reminiscencias árabes emulando un Alcázar de Jerez contemporáneo. Todo un icono dentro del itinerario de la arquitectura mundial, donde los suizos son prestigiosos y reconocidos.
¿Es discutible esta obra por su coste? Si tenemos en cuenta que este proyecto arranca en 2004 con la burbuja inmobiliaria hinchándose a marchas forzadas podría pensarse que sí. En cambio, los presupuestos que siempre se han manejado evidencian que los trabajos no eran tan costosos si se creía firmemente en el impacto y potencial que podían conllevar. Y, sobre todo, la Ciudad del Flamenco no era tan cara, entre 50 y 60 millones, si se equipara su inversión a lo que se gastó y se planificó en España con cargo al erario público en esa época de desenfreno. Sin irnos muy lejos, ahí esta el famoso segundo puente de Cádiz, a medio hacer y con un coste previsto de casi 500 millones de euros. Curiosamente, se empezó a ejecutar en el momento en que se llega a Cádiz más rápido que nunca y cuando ya es difícil acordarse de los atascos en el Puente Carranza. La Ciudad del Flamenco costaba diez veces menos y habría generado, al menos, diez veces más que una infraestructura tan mastodóntica como innecesaria. Y hombre, faraónico, faraónico, la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, con una inversión de 400 millones para que solo haya abierto al público una tercera parte de sus 46.000 metros. También son llamativos otros casos de construcciones absurdas y megalómanas como la Ciudad del Circo en Alcorcón, con 120 millones de gasto público, o el Aeropuerto de Castellón, que salió por un pico de más de 150 millones de euros de todos los españoles y no tiene ni licencia para operar. Recientemente también inició su andadura el Museo Nacional de la Energía, en Ponferrada, donde el Estado no ha escatimado a la hora de gastar 110 millones para habilitar este equipamiento que contribuirá al desarrollo económico de la comarca de El Bierzo. Es difícil hoy en día hablar de la arquitectura como aquel milagro de panes y peces que constituía hace unos años, pero si hay un ejemplo claro de revulsivo arquitectónico es el del Guggenheim en Bilbao, capaz de dar un giro de 180 grados al latido de una gran ciudad como la capital vizcaína. Quizás la Ciudad del Flamenco hubiese podido representar en esta ciudad al Sur del Sur un caso muy similar, aunque visto lo visto difícilmente llegaremos a saberlo. Por estos lares nos cuesta todo el doble o más.