El Tiovivo

28/11/13 +Jerez Juan Manuel Sainz Peña

Lo vio al llegar a la plaza con su hermano. Habían estado montándolo toda la noche y ahora lucía en la alameda, con sus caballitos de colores, las carrozas y los coches de bomberos.

-Quiero montarme ?dijo Pedro.

-No, Pedrito, ¿cómo te vas a montar ahí?

-Quiero montarme ?repitió refunfuñando, con los ojos muy abiertos puestos en el carrusel.

El hermano mayor de Pedro miró la atracción e invitó a su hermano a seguir el paseo, pero éste se revolvió y lloriqueó señalando una de las jacas.

-En la yegua azul, en la azul, en la azul.

-Pero no llores, Pedrito. Y no seas cabezota.

-¡Que me quiero montaaaar! ?Salió un gesto infantil, pero vigoroso, que hizo que algunos viandantes se volvieran.

Pedrito lloraba y gimoteaba, la babilla caída y los ojos tristes, señalando el tiovivo.

Bufó Juan, su hermano mayor, sopesando la posibilidad de que su hermano disfrutara de aquella jaca azul de cabellos de nylon.

-Por favor, Juan, Juanito.

Pagó al fin Juan el billete ante la mirada feliz de Pedro. Luego, con mil esfuerzos, montó a su hermano en la yegua y se colocó junto a él para que no fuera a caerse.

Sonó la música y empezó a girar el carrusel.

-Gracias, Juan -dijo Pedro.

Juan le dio un cachete, le secó las babas y tragó saliva. Allí estaba montado con su hermano, 58 años, dos con Alzheimer amordazándole los músculos y robándole la razón.

Autor: Juan Manuel Sainz Peña (escritor)

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