Dicen que un buen libro es aquel del que te arrepientes cuando lo has terminado. Cada uno tiene su peculiar lista de esos buenos libros en su cabeza, algunos hasta los releen con el paso del tiempo, aportando nuevas visiones y reflexiones que en su primera vez pasó por alto. Porque eso es sencillamente amar la lectura: una comunicación constante y de doble vía entre libro y lector. Pues bien, traemos hoy a estas páginas uno de estos libros que, si bien acaba de salir al mercado, puede estar destinado a ser guardado como uno de esos de los que se disfruta leyendo y releyendo. No en vano, han tenido que pasar siete años para volver a encontrarnos con la dulce y adictiva lectura de Amy Tan, recordada sobre todo por su exitosa novela El club de la buena estrella. Ahora, su nueva obra, El valle del asombro (Planeta, 2014), trae al lector dos componentes necesarios para mantener la atención de forma realmente adictiva: el exotismo oriental y la historia de varias generaciones de mujeres. De hecho, resulta muy difícil no dejarse absorber por sus páginas.
Es esta una maravillosa novela de madres e hijas, de logros y pérdidas, de secretos y deseos. 1912, Shanghái. Violeta es la hija adolescente de Lulú, una estadounidense propietaria de la mejor casa de cortesanas de la ciudad. Siempre a caballo entre dos mundos, y viendo cómo Lulú evita hablar del pasado, Violeta no acaba de encontrar su lugar, y está convencida de que su madre no la quiere. Pero antes de que puedan arreglar sus diferencias ambas serán víctimas de un engaño que las separará, llevando a Lulú de vuelta a San Francisco y convirtiendo a Violeta en cortesana. Años después, y como si el destino fuera una condena a la que no pueden escapar, Violeta sufrirá también los reveses de la suerte, y se dará cuenta de que su única oportunidad de encontrar la felicidad pasa por enfrentarse al pasado, compartir sus secretos y profundizar en la compleja.
A través de su lectura nos absorberán personajes entrañables y bien definidos, nombres tan jugosos como con Paloma Dorada, Calabaza Mágica, Pomelo, Lealtad…; lugares de ensueño y tres generaciones de mujeres: abuela (Lulú), madre (Violeta) e hija (Flora). Y con ella, Tan recupera la tónica de novelas anteriores, en las que las relaciones madre-hija ocupan un lugar determinante para la evolución de los personajes. En muchas ocasiones serán más dolorosas las dudas afectivas que las dramáticas situaciones que tendrá que afrontar la protagonista.
No hay duda de que mereció la pena tantos años de espera para volver a reencontrar la a Amy Tan sugerente, adictiva, sorprendente, exótica y, cómo no, de casi perfecta escritura. Lo dicho, seguro que este libro aparecerá en muchas listas de esos inolvidables y buenos que habrá que releer para completar su propuesta.