Con el premio Francisco Umbral a sus espaldas y considerada como la mejor novela de 2013 por los suplementos culturales de los grandes periódicos españoles, el valenciano Rafael Chirbes ha conseguido hacer lo que ya se ha dado en llamar la gran novela de la crisis. Después de la exitosa y premiada Crematorio (Anagrama, 2007), llevada a la pequeña pantalla en forma de serie televisiva, su nueva obra, En la orilla (Anagrama, 2013) ha reunido a la crítica a su favor, tanto en España como en otros países europeos, especialmente en Alemania. Su capacidad para retratar el fin de una época y el alma humana de principios del siglo XXI y su extraordinaria capacidad narrativa, hacen de Chirbes un autor muy a tener en cuenta, y a su nueva novela, un lujo para tener entre manos.
El hallazgo de un cadáver en el pantano de Olba pone en marcha la narración. Su protagonista, Esteban, se ha visto obligado a cerrar la carpintería de la que era dueño, dejando en el paro a los que trabajaban para él. Mientras se encarga de cuidar a su padre, enfermo en fase terminal, Esteban indaga en los motivos de una ruina que asume en su doble papel de víctima y de verdugo, y entre cuyos escombros no hay duda de que podemos encontrar los valores que han regido una sociedad, un mundo y un tiempo.
El bienestar y su reverso inseparable, la codicia y los falsos proyectos, convertidos en materiales de derribo. El espejo en que se mira la vida de Esteban, a su manera un hombre sin atributos, devuelve una imagen hecha de sueños rotos y de ilusiones perdidas. Nada se ha librado de la voracidad.
El amor, la familia, la amistad y los códigos sociales también han formado parte del menú en este banquete de unos pocos. Como es habitual en las novelas de Rafael Chirbes, el interior de los personajes, lo que éstos piensan y sienten sobre sí mismos y sobre el mundo que habitan, se corresponde con un determinado paisaje exterior que en este caso tiene como referencia ineludible al pantano. Éste, principio y final de la narración, va adquiriendo un creciente peso simbólico que ayuda a comprender las complejas relaciones que los seres humanos mantienen con su entorno y con su historia.
Heredero de la mejor tradición del realismo, el estilo de En la orilla se sostiene por un lenguaje directo y un tono obsesivo que atrapa al lector desde la primera línea volviéndolo cómplice. La variedad de recursos -como monólogos, narración en tercera persona, diálogos- permite abrir dejar entrar en la trama a otras situaciones y personajes.
En definitiva, una excepcional novela que sin duda alguna será inolvidable.