Michael Douglas (pronúnciese Daglas) ha afirmado esta semana que su cáncer de garganta ha sido originado por su sana (o no) afición al sexo oral. Hay más de 65 millones de entradas en google relativas a esta teoría que ha conmocionado a la Red a principios de la semana que ahora acaba. Al parecer estas declaraciones ya han sido matizadas por su representante tras la supuesta tergiversación de un periodista del prestigioso The Guardian, pero te dejan el cuerpo malo al pensar en lo mucho que estamos tragando por culpa de la dichosa troika, Merkel y la dictadura de los mercados (esa cosa). Gargantas profundas que actúan despiadadamente por intereses ajenos a los generales y que absorben todo rastro de conquistas sociales y nos arrastran al temido Estado del Malestar General. Al contrario que Casandra, sus profecías apocalípticas son creídas con fe ciega e inquebrantable por gobiernos como el nuestro que no dudan en aplicar los remedios más severos para tratar de dilatar ese inevitable derrumbe final que nos anticipan y que nos deja insomnes. La dictadura financiera habla de sanar al enfermo terminal mientras le quita el gotero para que ingiera alimento. Sabe (porque lo sabría cualquiera) que las medidas que impone son contrarias a la recuperación, al crecimiento, pero insiste en reventar el Estado del Bienestar y en estrangular el consumo. Si se encarece todo con la subida del IVA y hay menos sueldo, la gente consumirá menos; si no hay crédito, los emprendedores, los empresarios, no podrán montar empresas ni se dará salida al ingente stock inmobiliario. No hacen falta cinco masters en Georgetown ni hacer el doctorado en Harvard para llegar a esas conclusiones. Son de lo más simples: si cierras el grifo, no sale agua; si no llenas el vaso, te mueres de sed. Entonces, uno llega también a otra conclusión de lo más simplista: alguien está muy interesado en que los trabajadores pasen a régimen de esclavitud, que las clases medidas sigan mamando en la pobreza y que los pobres pasen a la categoría de zombis excluidos del sistema, sólo relegados a las colas de racionamiento que dispone la caridad. Y de tanto mamar y mamar (mamíferos como somos per se), al final vamos a enfermar de verdad. La imparable fractura social dibuja un horizonte muy poco alentador y la cosa aún mosquea más cuando ayer admitía Almunia, el comisario europeo de Competencia, que no se puede estar satisfecho con el rescate de Grecia, donde ya van por el sexto año de recesión (pronúnciese recortes, sufrimiento, disturbios y miseria) y la tasa de paro llega al 27%. ¿Realmente para este viaje hacían falta esas alforjas? En cuanto al informe del FMI en el que reconoce que subestimó el impacto de la austeridad en el país donde nació la Democracia, la respuesta de Almunia es aún más perversa: Nadie es perfecto. Chúpate esa. Muy poco pudor es lo que tienen tantísimos mamones que respiran de mangazo en mangazo.