Hacer el agosto

12/07/13 +Jerez Paco Sánchez Múgica

Recuerdo que tras recorrer sofocado la calle Larga, eterna a esas horas intempestivas, uno llegaba a la redacción como el que arribaba en un oasis sahariano. El súbito aire acondicionado en la cara y la granizada que se pillaba previamente en la rotonda aligeraban la pesada carga de trabajar a las cuatro de la tarde en pleno mes de agosto.

No era asfaltando carreteras, de acuerdo, pero también tenía su dosis de épica. Soportar la violencia del calor y saborear lo salado de sudar esa gota gorda era en cualquier caso lo de menos. Cualquier periodista de medio de comunicación diario, de plantilla o becario y especialmente de prensa escrita, sabe que enfrentarse al mes de agosto, donde todo o casi todo en este país, y por ende en esta ciudad, se paraliza e hiberna como un peludo oso polar, es casi como subir el Tourmalet, ahora que también es tiempo de siestas por mor del cansino pedaleo del vilipendiado Tour de Francia.

Dicen que lo más difícil de escribir es saber qué escribir. Y casi siempre era así en esos temidos agostos. Era entonces cuando uno se exprimía los sesos hasta que se le reblandecía el cerebro buscando un buen tema, aunque a veces no fuese ni si quiera aceptable. Ahí entraba en juego el mundo de los datos y las estadísticas, siempre tan recurrentes. Esas que decían que el parque móvil había crecido en la ciudad un no sé cuántos por ciento, que había ‘taitantos’ bares por cada no sé cuántos habitantes o que el precio del metro cuadrado había crecido más en Cádiz que en Jerez en el último semestre. Datos irrefutables siempre y cuando fuesen bien maridados con aquello de: según un estudio o informe de x fundación, organismo o del querido Instituto Nacional de Estadística, un auténtico salvavidas para los periodistas de agosto.

Con los políticos, las asociaciones, los colectivos, los sucesos y casi todo ‘recargando pilas’ en el mes sagrado del trabajador español, el periodista buceaba y buceaba en una corriente de datos, a veces demoledores y muchas veces tan insustanciales que apenas daban para media página. Sólo alguna serpiente de verano o algún que otro hecho más o menos extraordinario agitaba la pringosa monotonía veraniega.

Ahhh, el verano. Ese tiempo en el que la gente que siempre pone como excusa que no lee porque no tiene tiempo, lee más porque va más a la playa o porque, simplemente, pasa más tiempo con su pareja. Ahora que muchas redacciones han dado cerrojazo permanente, no sólo veraniego, y que apenas nos queda ese último mohicano que apague la luz del crepuscular negocio de la prensa escrita, nunca olvidaré que, a mi manera, yo también hice el agosto. Pero alégrense, aún queda mucho julio por delante.

Autor: Paco Sánchez Múgica (periodista)

@PacoMugica

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