Hipocresía futbolera

27/11/22 +Jerez Opinión: Ángel G. Morón

El deporte es muy sano. Es salud física para cualquier ser humano. Hay que hacer deporte, no por obligación, sino por devoción y pasión. Soy un convencido de las ventajas de practicar ejercicio así que, sí, soy de los que vive el deporte practicándolo, pero también disfrutándolo como espectador. Me gusta ver, casi diría que cualquier actividad deportiva, aunque sea de lo más insospechada; por ejemplo, una competición de escalada en rocódromo, que ni sabía que existía, o un campeonato de fitness por pareja mixtas. La verdad es que hay deportes para todos los gustos. Pero sí hay uno al que se conoce como el deporte rey, el que más practicantes y seguidores tiene en todo el globo terráqueo. Se juega hasta en la aldea más recóndita del país más ignoto. Oh sí, el fútbol es patrimonio de la humanidad desde hace mucho tiempo. Los primeros datos hablan de China en el siglo III antes de cristo cuando algunos pateaban alguna cosa que rodaba para entrenamiento militar. Aunque el fútbol moderno, más o menos tal y como lo conocemos hoy, fue inventado por unos cuantos ingleses, a finales del siglo XIX. Se pusieron de acuerdo para pegarle patadas a una pelota de cuero y definieron unas normas con el objetivo de ver si la metían en un espacio delimitado por tres palos. 

En poco tiempo, el balompié se extendió como el aceite por el mundo hasta convertirse en el deporte mayoritario que es hoy. Y desde ya unos años, afortunadamente, también practicado por mujeres con gran entusiasmo, aunque la práctica femenina se remonta a mediados del siglo XX.

Ciento cincuenta años después de la creación del juego del fútbol ya no estamos solo ante un deporte; como tantos otros, es también una profesión y muy bien remunerada. Y es que hemos convertido el deporte en un espectáculo, lo cual está muy bien; y los deportistas con talento y esfuerzo se profesionalizan y convierten su pasión en su modo de vida. Pero estos deportes espectaculares, al generar tanta expectación pública, se convierten en grandes negocios, en máquinas de hacer dinero. En toda Europa, se calcula que mueve al año más de 30 mil millones de euros. A nivel mundial la cifra será disparatada sin duda. 

El fútbol es un negocio ingente, está claro, pero hay que velar por su salud financiera para que siga siendo muy lucrativo. Así tenemos un organismo como es la FIFA que se encarga de gobernar el negocio a nivel planetario. La Federación Internacional de Fútbol Asociación rige esta empresa de fútbol mundial y cada cuatro años organiza un campeonato donde las selecciones nacionales de todo el globo se disputan la supremacía internacional dando patadas al balón. Es un negocio pingüe porque la competición no dura solo un mes, un par de años antes se disputan previas de clasificación para elegir a las 32 selecciones que llegarán a disputar la fase final del mundial.

Estamos ahora viviendo el Mundial de Catar, un país que, seguramente mediante sobornos, fue elegido sede por los ejecutivos de la FIFA en 2010. ¿Cómo si no entender que fuera designada ante candidaturas alternativas de Japón, Estados Unidos, Corea del Sur o Australia? Este mundial es el primero que se hace en noviembre en medio de la temporada de liga profesional de todos los países, pero es que en verano los futbolistas habrían muerto en el campo con temperaturas de hasta 50 grados… Además todo el mundo sabe que en Catar tienen una liga del más alto nivel… económico, que no deportivo. Pues bien, los cataríes tenían 12 años para preparar la infraestructura necesaria para albergar la competición, un tiempo más que suficiente para construir hasta ocho monumentales estadios, algunos de ellos en medio del desierto. Y los han construido a tiempo, vaya si lo han hecho, aunque para ello hayan tenido que pasarse por el arco del triunfo los derechos humanos de los trabajadores (se calcula que más de 6 mil han fallecido en las obras por las penosas y extremas condiciones laborares que han soportado).

Pero todo es aceptable y disculpable en aras del negocio, claro que sí. Por eso no es un problema insalvable, que el país se rija por la ley islámica, la Sharia; una ley prolija en restricciones y prohibiciones, una ley castrante que anula a las mujeres, prohíbe la homosexualidad, una enfermedad según esta ley, e ilegaliza el alcohol, que para muchos seguidores futboleros tal vez sea el mayor problema. Pero es que Catar es un Estado muy rico y esa es la cuestión nuclear en este asunto; por eso fue designado para albergar el mundial y por eso hay que blanquearlo, como hizo el mandamás de la FIFA, un tal Infantino, que dio vergüenza ajena en un discurso ofrecido al comienzo del campeonato –dijo que se sentía gay, entre otras cosas, para justificar y justificarse–. Se trata de hipocresía barata, tanto la suya como la de tantas grandes corporaciones y empresas que se envuelven en la bandera multicolor cada año en junio para defender el orgullo gay pero hoy aparecen como patrocinadores del evento. Están patronos como Coca Cola, Adidas, McDonald´s o Visa por citar algunas marcas, pero se puede ver al resto en cada retransmisión.

Hay muchos a los que se les llena la boca hablando de la indignidad de Catar. Un tal Patxi López, portavoz socialista en el Congreso se puso, en Madrid claro, un brazatele multicolor el día que España se estrenó en el mundial. Habría que decirle al amigo Patxi que se deje de postureo y tengo redaños para irse a Catar con el brazalete o a cualquier país islámico tan tolerante con los "diferentes" (es sarcasmo). Algunos jugadores se han mostrado disgustados con tener que jugar en Catar y amenazaban con mostrar su repulsa al régimen reivindicando en el campo la causa homosexual. Pero al final, los únicos que han tenido algo de coherencia y valentía han sido los jugadores iraníes al no cantar su himno en el terreno. Veremos a su regreso a casa las consecuencias de este gesto.

Si tan denostable y execrable es Catar, en lugar de discursos críticos medidos de cara a la galería, se debió haber planteado un boicot por parte de los participantes y santas pascuas. Si tanto nos preocupa la situación de los cataríes y repudiamos la ley islámica por la supresión de derechos que impone, dejemos de jugar con la retórica y hagámoslo también de facto en el campo de fútbol. Ah, pero no, amigos, el negocio es el negocio y la oportunidad la pintan calva así que ni un solo país de los modernos, de esos socialdemócratas, ni uno de esos grandes Estados de derecho se ha planteado no asistir al mundial de Catar. Bienvenido a la hipocresía futbolera, bienvenidos al mundo real en el que Don Dinero siempre marca gol.

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