La señora permanecía junto a los dos guardias civiles, inmutable, con el gesto crispado, las manos sobre la falda y el bolso sobre las rodillas. Los dos militares, en tanto, intercambiaban miradas, tratando de mantener el tipo, con cara de circunstancias, aunque ambos estaban deseando abandonar a la abuela y partirse de la risa, aun cuando el comandante del avión que había despegado en Madrid con destino Barcelona acababa de pasar con un ojo morado y una bolsa de hielo que iba dejando un rastro de gotas por el suelo del aeropuerto.
-A ver si me dejan ustedes irme ya, que mi nieto, que es el culpable de todo esto, me debe estar esperando.
-Señora, comprenda que antes tenemos que rellenar unos documentos. El piloto no ha puesto denuncia, pero tenemos que saber lo que ha pasado exactamente.
-Yo no soy ninguna terrorista, oigan. Lo que quiero es irme.
-Nos tendrá que explicar, señora, qué ha pasado en el avión para que le haya dejado al comandante el ojo como el de un boxeador.
La abuela acarició el bolsito, se encogió de hombros y dijo:
-Pues verán ustedes. Yo nunca he viajado en avión. Me dan miedo las alturas y la velocidad. Pero nada, mi nieto me dijo que en avión y yo… En fin, que como la señorita azafata me vio nerviosa me preguntó si era la primera vez. Yo le dije que no, que ya me había puesto nerviosa otras veces… Bueno, a lo que iba. La cuestión es que me dijo que, para tranquilizarme, podía enseñarme la cabina, a lo que accedí. Pues nada, allí fui con la azafata, muy mona y amable, ¿saben? Pero es que al entrar allí, en la cabina esa y ver todos esos relojitos y esas luces, le pregunté al señor comandante si sabía manejar todo eso. ¿Y saben lo que me respondió muy serio? Que no, que estaba aprendiendo, y que tenía la L puesta en la cola del avión. Y luego, el hijolagranputa empezó a reírse. De mí, de Anacleta Potorra. Sé que lo que hice no estuvo bien, pero no pude reprimirme y le di con el bolso.
-Señora, le dio seis veces o siete.
-Más le tuve que dar. Cachondearse de mí, de una pobrecita vieja indefensa. Anda y que le den. Bueno, ¿me puedo ir ya?
Autor: Juan Manuel Sainz Peña (escritor)