Encaramos, queridos amigos, la recta final de la fiesta. En el fin de semana, algunos pisan hoy el Real por primera vez; otros llevan toda la semana dale que te pego con la tajá; y otros han parado el carro, acuciados por unos bolsillos tan maltrechos como sus estómagos, que ya no admite más Almax, más Primperán, ni más sales de fruta. De todas formas, nosotros continuamos por nuestro recorrido gastronómico para gozar como Mac Giver en Leroy Merlín con un plato que, si me permiten la confesión, está entre mis bocados favoritos. Hablo de las gambitas al ajillo, ese manjar delicado, sabroso y a menudo hirviendo, que nos hace saltar las lágrimas por su sabor, su buqué, su textura y, sobre todo, su precio. La caseta de La Hermandad de Natera, la Semana Santa ya no es lo que era, nos la ofrece a tutiplén. Vamos a ver cómo se hace y también cómo se come para no achicharrarnos el cielo del paladar. Presten atención porque es más fácil que encontrar boquetes en la Plaza Aladro. Al loro.
-Festival de crustáceos al aceite hirviendo con liláceas sobre cazuela de barro (Gambas al ajillo).
Ingredientes:
Gambas (se pueden poner rodajas de morcón de Burgos pero ya no es lo mismo), aceite, sal, pimienta cayena o guindilla, ajos.
Preparación:
Se pelan las gambas (repetimos por activa y por pasiva que lavarse las manos es algo segundario y, en este caso, completamente innecesario) y se ponen en un plato o en el suelo, donde no estorben. Se corta el ajo a rodajitas de 2,23 milímetros. Y se echa al aceite hirviendo junto a la pimienta cayena o la guindilla. Es muy importante que el plato tenga ese toquecillo picante, por lo tanto no escatimaremos en especias y lo pondremos abundantemente (quince o veinte guindillas por cada quince gambas es lo correcto). Cuando el aceite esté más quemado que el Windsor, se añaden las gamas una a una, a una distancia de un par de metros de la sartén, para evitar salpicaduras. Finalmente, se le añade una pizca de sal y se sirven en un plato de barro que dura caliente hasta que se va el último tío de Los Puítos.
Pues nada, a gozar se ha dicho.