Play. Bandeja de entrada. Enviar y recibir. Recibido. Tienes tres mensajes nuevos. Responder. Adjuntar archivo. Mensaje enviado. Salir. ¿Qué estás pensando? Me gusta. Me gusta. Escribe un comentario… No sé quién quiere agregarte como amigo. No sé quién me ha eliminado como amigo. Ya no le gusto. No sé quién te invita a jugar a no sé qué. No sé quién te invitó a no sé qué evento. Me gusta. Tal vez asista. No asistiré. Hoy es el cumpleaños de no sé quién. No sé quién te invitó a que le des a me gusta en su página. Tiene un mensaje nuevo. Contactos. Bandeja de entrada. Mensaje no leído. Me gusta. Mensaje enviado.
¿Qué está pasando? Twittear. No sé quién ha retwitteado tu retweet. No sé quién ha marcado tu tweet como favorito. No sé quién te sigue ahora. No sé quién ya no me sigue. ¿Qué estás pensando? ¿Qué está pasando? Está pasando, no lo estás viendo. Me ves, ahora no me ves. Me gusta. Tienes un mensaje nuevo. A no sé quién le gusta tu foto. No sé quién te ha reblogueado. Mensaje enviado. Whatsapp. ¿Qué te cuentas? ¿Qué pasa? En línea. Última vez hoy a las 18:42. Última vez ayer a las 22:53. Check. Doble check. Última vez, nunca. Chats. Intro. Ver. Reenviar. En línea. Llamada perdida. Tiene un mensaje nuevo. El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura. Me gusta. Nuevo mensaje. Enviar SMS. Stop. Rewind. Play… Eterno retorno.
Si nada de lo anterior le suena ni remotamente, está de enorme enhorabuena. Sepa usted que estará felizmente a salvo de la dictadura de la hipercomunicación. Sepa que se ahorrará fatigas, cefaleas, complejos, bajones de autoestima, malestar general y gigantescas empanadas mentales si alguien no le da ipso facto a me gusta o retwittea la parida que se le acaba de ocurrir. Sepa que no se sentirá frustrado si la persona a la que ama no le responde ese whatsapp de forma instantánea o no le da los buenos días con un icono de un corazón entre las nueve y las ocho o la foto de un tierno gatito. Sepa que está a salvo de decir esas gilipolleces que antes pensaba para sus adentros, o como mucho compartía con el de al lado del sofá, y que ahora siente la imperiosa necesidad de trasladarlas a la humanidad. De pregonarlas a los cuatro vientos.
Nunca antes en la historia de la humanidad nos comunicamos más con más gente y nunca antes en la historia nos dijimos tan poco. Déjate de grupos familiares en whatsapp y visita a tu abuelo-abuela-padre-madre-hermano… antes de que sea demasiado tarde. Fotos absurdas, vídeos absurdos, comentarios alienados: ¿qué pasa?, ¿qué estás pensando?, ¿qué está pasando? Piénsalo, a quién le importa. Pronto no reconoceremos muchas de las voces a las que a menudo o diariamente hablamos a través de un cristal o de una pantalla de retina. Llámame. Susúrrame. Grítame. Pero hazme un favor: no le des a me gusta, no me retwittees. Si vas a hacerlo, antes tira ese teléfono del demonio al fondo del váter. Cuando los móviles se volvieron inteligentes, yo me volví imbécil. Cuando más nos comunicamos, menos nos decimos. Mírame a los ojos… Demasiado tarde. Stop. Rewind. Play. Conectado. Me gusta. En línea… Así hasta el infinito… Y más allá.