La puerta del enemigo

04/07/13 +Jerez Juan Manuel Sainz Peña

Está perdido y lo sabe. Lleva más de treinta minutos acorralado en aquel avispero. Parapetado tras un tanque que ardió hace tiempo, sabe que se queda sin munición, que los francotiradores acechan y que la explosión que le ha volado la mano será su perdición.

Despacio, asoma la cabeza y ve el panorama desolador de las casas destruidas, los cascotes alfombrando la carretera, y los muertos que siembran de horror el paisaje urbano de Stalingrado. Nieva.

Pero nada de eso preocupa a Alexander. Detrás hay una puerta que en cualquier momento puede abrirse. Entonces todo terminará. No habrá merecido la pena el esfuerzo, los muertos y haber llegado hasta allí. Ronda entonces la idea de salir del escondite y permitir que los francotiradores lo acribillen a balazos. Pero se resiste a hacerlo.  Carga su pistola y respira hondo. Suda. El corazón late deprisa, desbocado y feroz. Oye pasos a su espalda y piensa que es el fin.

La puerta se abre. Pasa delante de él sin decir nada y desenchufa la consola.

-¡Es la cuarta vez que te llamo para comer, niño!

Alexander no dice nada.

-Esta noche volveré -piensa mientras suelta el mando y se levanta de la silla.

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