"La quietud" por Achero Mañas (Actor)

09/04/12 +Jerez +Jerez
Cuando Juan Sebastián Bollaín me escogió para interpretar a Juan Belmonte, reconozco que me pareció un papel extraordinario y una oportunidad única en mi carrera como actor. No era muy aficionado a la Fiesta ni conocía la vida del torero, pero cuando leí el guión me apasionó desde el primer momento. Así que me lié a investigar su vida y milagros para poder llegar a entender tanto la Tauromaquia como la personalidad del diestro. Resultó fundamental la biografía del torero de Manuel Chaves Nogales. Belmonte revolucionó la Historia del toreo. Tal vez su debilidad física en las piernas, casi famélicas, hizo que sacara los engaños y tuviera que pararse frente al animal. Su quietud impactó en un tiempo en el que las faenas eran mucho más breves por la exigencia del cuerpo a cuerpo entre toro y torero. El siglo XX ha sido un siglo de revoluciones y también lo fue la del «Pasmo de Triana».Agradecido.La labor del actor es a veces complicada y no siempre uno acaba contento con el resultado de su trabajo. Yo no lo estoy ni lo estaré nunca sobre la interpretación de Belmonte. Pero aún así le estaré agradecido a Bollaín por hacer la película. Descubrí un personaje absolutamente apasionante, complejo e inteligente. Leí una de las biografías más admirables, genuinas y maravillosas de la historia de la literatura española. Y pude llegar a entender la esencia de la Tauromaquia. Muy pocas veces en la vida tiene uno la oportunidad de ver un acontecimiento verdaderamente auténtico. Contemplar emocionarse y vivir el hecho taurino no es fácil pero, cuando lo entiendes, es una experiencia inolvidable. La Generación del 98, en principio nada taurina (veía en los toros un síntoma del atraso hispano), se hizo belmontista casi al completo: más que la Fiesta en sí misma, admiraban sobre todo al héroe que veían en Belmonte. Yo no admiro sólo a Belmonte, admiro a cualquier hombre moderno que, no teniendo necesidad de enfrentarse a ningún animal para subsistir, arriesga su vida y se para, como tantas veces el diestro, frente a un toro para hacer algo auténtico.
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