Las alas de la mariposa

24/10/13 +Jerez Juan Manuel Sainz Peña

A Patricia López. Un ángel en la tierra.

Patricia es un reglón derecho de un Dios torcido a veces. Patricia es una niña eterna, con cuerpecillo de recién nacida mujer, de ojos tan inocentes y tan limpios como un arroyo en la mañana. Patricia es una mariposa. La más hermosa de todas las que vuelan por este mundo imperfecto.

Patricia llegó a mí como un sueño dulce, de puntillas, dando abrazos con su sonrisa, siendo feliz en un mundo de infelices, donde lo pequeño nos abruma y lo importante lo ignoramos tantas veces; tan grande es nuestra estupidez.

Patricia me miraba y lo miraba todo con sus ojos de ángel terrenal, acaso soñando despierta, palpitante su corazón de tanta bondad, bordada su vida de la más exultante candidez. Y aquel saludo, aquellas manos cálidas, estrechadas contra las mías, fueron un bálsamo porque derramó al saludarme tanto amor y tanta ingenuidad que logró abrumarme.

Pienso mucho en ella, en eso brazos que me extendió como las alas de una mariposa para  decirme “hola”. No. Ella no necesita más palabras para ser querida. Patricia sueña despierta y dormida. Viaja por su mundo, abrigada en la penumbra de su cabeza. Mira y ve. Sonríe y yo, Patricia, añoro un mundo de seres como tú, con tantísima inocencia acumulada en tus ojos de niña para toda la eternidad.

Cuídate, mariposa, y el que Cielo te bendiga.

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