Las cosas por su nombre

11/06/13 +Jerez Paco Sánchez Múgica

Ayer el Gobierno anunció que pondrá en marcha de forma inminente una nueva campaña informativa, esta vez para dar a conocer las supuestas bondades de la ley 'Wert' de Educación. La letra con manipulación entra, al parecer. Lo leí mientras un banner lateral en la web de El País me hablaba de que el grifo se abría "para avanzar". Acto seguido, tras unos instantes de botoncito centelleante, caía una cascada de sentencias a cual más rotunda para tratar de justificar que los españoles hayamos inyectado 40.000 millones de euros para el saneamiento de la banca y ésta aún siga rechazando 8 de cada 10 peticiones de crédito que se le solicitan por los mismos que han salvado privilegios y pingües beneficios a los banqueros con nombre de yogur caducado, que diría el maestro Alcina. Rápidamente me dije, vaya, la segunda campaña informativa en el mismo mes que ponen en marcha nuestros apreciados gobernantes. Algo no debe andar demasiado bien ni por Moncloa y, ni mucho menos, por Génova. Pero el caso es, ¿por qué lo llaman campaña informativa cuando quieren decir manipuladora estrategia de propaganda política? ¿Y por qué hablan de propaganda cuando quieren decir tapar los errores y las mentiras a base de cosmética barata pero muy cara para el contribuyente? ¿Por qué hablan de movilidad exterior para referirse a la masiva emigración de jóvenes españoles al extranjero, fuera o dentro de las fronteras de la Europa comunitaria? ¿Por qué se habla de indemnización en diferido para tapar el escándalo de que Luis ‘el cabrón’ (o el ‘puto amo’, según se mire) siguiera cobrando del PP hasta hace unos meses? ¿Por qué llaman “gravamen adicional” a la subida a tumba abierta del IVA? ¿Por qué hablar de “reformas estructurales” para tratar de tamizar el aluvión de recortes y sablazos? ¿Por qué juraron y perjuraron que el recibo del agua no subiría tras la privatización de Aguas de Jerez y no ha tardado ni un mes en producirse la primera subida por “imperativo legal”? ¿Por qué ese miedo en llamar a las cosas por su nombre si al final quedan mucho peor?

 

Los gobernantes nos han acostumbrado al eufemismo para que no se entere ni el tato de las triquiñuelas que urden y de las puñaladas traperas que piensan darnos. Nos toman día sí, día también por tontos pese a que saben sobradamente que antes o después terminaremos enterándonos de por dónde nos viene el gancho (de derechas, en este caso). Es otro apartado digno de estudio pero igualmente hacen uso de la riqueza de la lengua cervantina para asestarnos a menudo chutes ideológicos que crean absurdos debates como excelentes cortinas de humo ante la realidad de los problemas. Es mejor discutir sobre el papel que debe jugar la asignatura de religión, un poner, que llevar el debate de la calle hacia por qué se prescinde de miles de maestros y profesores y las aulas de educación pública se empobrecen a marchas forzadas mientras, precisamente, se siguen gastando millones y millones de euros en grandes aparatos y campañas de propaganda. Pronto no habrá ni para calefacción en las clases y de pronto el papel de los colegios parece más enfocado a actuar como comedor social que como la institución que nos garantiza que las nuevas generaciones estarán a la altura de lo que esperamos de ellas. Que siga hablando el rebaño de lo que nos interesa y así no hablará de lo que nos interesa a nosotros. El eufemismo es muy recurrente y cuanto más ignorantes y poco instruidos los gobernados mejor para los gobernantes que los emplean a capricho. Según la RAE, el eufemismo es la “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Es decir, es la sustitución de la frase o palabra original por otra que pretende disimular su crudeza, gravedad o vulgaridad. Y aquí digo yo: pase que la infanta y Marichalar nos vendieran el cuento de que habían acordado el “cese temporal de la convivencia” y haga ya años que no comparten lecho coyungal; e incluso pase que nos conformemos con que digan eso de que simpático es el niño por no decir que el crío es un adefesio. Pero hasta aquí llegamos, no hay que pasar ni una más. Que no, que me niego. Llamemos a las cosas por su nombre: si nos están jodiendo vivos, nos están jodiendo vivos. Ni de forma estructural, ni con movilidad exterior, ni en diferido: españoles, jerezanos, nos están jodiendo vivos. En vivo y en directo.

@PacoMugica

Advertisement