Desde el mes de julio del segundo curso de carrera hasta enero del año siguiente, Tsukuru Tazaki vivió pensando en morir. Así comienza la nueva novela que ha llegado a España este otoño del ansiado, amado, odiado, pero sobre todas las cosas, leído escritor japonés Haruki Murakami. Poético y certero en sus descripciones, en este nuevo relato el autor nipón ofrece una nueva vuelta de tuerca en su introspección en el alma humana, en la esencia del hombre actual, y ofrece una narrativa luminosa de contrastes entre el alma atormentada del protagonista (un joven que solo piensa en morir y que no sabe por qué aún no lo ha hecho) y el mundo lleno de color que se dibuja a su alrededor.
Después de la publicación entre 2009 y 2010 -en 2011 en España-de su monumental trilogía 1Q84, publicada en dos tomos, Haruki Murakami se ha tomado tres años para la escritura de esta novela. Los años de peregrinación del chico sin color (Tusquest, 2013) cuenta la historia de Tsukuru Tazaki, un arquitecto de 36 años especializado en diseñar estaciones de tren, cuya vida y cuya memoria se tambalean al conocer a Sara, una mujer algo mayor que él, que le recordará los felices años de la adolescencia y los infelices años de la juventud. A lo largo del libro, el autor narra el viaje introspectivo y físico de su protagonista, que regresa desde Tokyo a su natal Nagoya, en el centro del país. Allí, en un barrio de las afueras, Tsukuru se reencuentra con su grupo de amigos de siempre, todos apellidados con colores (en contraste con su mundo sin color), y con el que rompió al marcharse a la capital para estudiar en la universidad. Por supuesto, aquí irrumpe el potente universo simbólico de Murakami, porque Tazaki es el único descolorido. Y es que su apellido no evoca, como los de sus amigos, ningún color, solo acciones como crear o construir.
Las relaciones amistosas, la música, personajes increíbles, mujeres cuya aparición revoluciona la vida del protagonista... van pasando por las páginas de este libro de forma brillante, como la misma prosa del japonés. Precisamente es una mujer, Sara, la que en esta nueva novela agita la conciencia de Tsukuru y le incita a viajar para buscar todas las respuestas que necesita desde hace tiempo: no solo a su ciudad natal de Nagoya, sino también a otros lugares como a la europea Finlandia. Y en este peregrinaje, al que alude el título del libro, aparecen otros simbolismos propios de Murakami, como el lado oscuro de la consciencia, la interrelación de planos de percepción, porque no hay fronteras entre el sueño, la fantasía o la realidad.
Hay muchas virtudes que señalar de la prosa de Murakami, pero quizás lo más certero de esta novela sea la capacidad de proyectar al propio lector, con sus inquietudes y sus necesidades, sobre el mismo protagonista de su libro. Y eso es sencillamente encomiable.
Eva Nicasio. libreriaqasida.blogspot.com
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