Maldito currículum

10/11/16 +Jerez Antonio Aguayo
El pasado fin de semana estuve asistiendo a un congreso en donde presentaba una comunicación sobre el Palacio de Bertemati. Un análisis iconológico de sus fachadas y patio. El Congreso, mejor dicho Simposio, organizado por una asociación de jóvenes investigadores estaba perfectamente organizado, y contaba con la asistencia de los mejores especialistas en Barroco de toda Andalucía. Los comunicantes procedían de toda España, Portugal e Iberoamérica. Todo perfectamente organizado. Ni un fallo.
Pero reconozco que me estoy haciendo mayor, aunque me cueste reconocerlo y me sienta eternamente joven. Y no es que la gran mayoría de los comunicantes fueran muy jóvenes, chicos y chicas con la carrera recién terminada, que presentaban, ilusionados, su comunicación, aunque también los había mayores, como yo. Si digo que me sentí mayor, fue por la mentalidad que se deja traslucir en este tipo de congresos, motivada por el concepto que rige en nuestras universidades, en nuestro sistema educativo y científico. La mayor parte de los comunicantes, no digo asistentes, eran jóvenes investigadores, ligados a una determinada cátedra, que están elaborando su tesis doctoral, (habría mucho que hablar de esto) y que su director les exige, el sistema les exige, algún tipo de publicación de carácter científico. Se elabora un pequeño trabajo de investigación, realizado para la ocasión, que puede que ni siquiera tenga nada que ver con la línea de investigación que se está siguiendo, pero que va a proporcionar el efecto deseado: puntos y publicación para el currículum.
Digo que me sentí mayor porque estos jóvenes han perdido, al menos en apariencia, el sentido crítico de la investigación y el afán de saber y conocimiento. Leen su comunicación y, directamente se van. Las salas de comunicaciones están vacías. Y sobre todo, el tiempo y la organización están tan ajustados, que no hay margen para el debate, para las preguntas, para las dudas. Un congreso, un simposio de este tipo debería servir, (ya se que soy un romántico y un utópico) para intercambiar ideas, opiniones, metodologías, propuestas, y tan sólo se ha convertido en un mero trámite, necesario, para la obtención de unos puntos con que engrosar el maldito currículum.
En este momento, publicar se ha convertido en algo menos que utópico en ciertas disciplinas, como es la Historia del Arte, y estos congresos se han convertido en una auténtica válvula de escape para los jóvenes investigadores que se están haciendo un futuro universitario, para lo cual es necesaria la investigación. No estoy criticándolos, no a ellos y ellas. Estoy reflexionando sobre el mundo universitario, el cual el sistema lo ha dejado convertido en un simple recuento de puntos.
Mirando el cuadro de Rembrandt, que hace referencia al carácter melancólico, propio del estudioso, en el cual las escaleras de caracol sirven de alegoría a la ascensión intelectual del estudioso, que sabe que nunca llegará a alcanzar el conocimiento completo, pienso que estas mismas escaleras son, únicamente los peldaños para alcanzar un puesto, que en los tiempos aciagos que corren no es poco.
Me gustaría pensar que si en la Universidad se eliminara ese mal de nuestro tiempo que es el currículum, tal como está concebido ahora, quedaría un grupo, nutrido de jóvenes investigadores que seguiría luchando por saber y conocer, que buscaría el conocimiento pleno, en la medida que es posible, y que en esos tan necesarios congresos, se irían a buscar las ideas nuevas, las aportaciones de otros jóvenes o viejos investigadores, que pudieran ampliar la visón y que podrían contribuir a engrandecer la propia obra.
Hasta ese momento creo que voy a renunciar a asistir a este tipo de congresos, al menos que me garantices que el debate está asegurado. Necesito confrontar las ideas. Sólo así, con ese debate  estará asegurado el rigor científico.

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