Navidad... según se mire

20/12/13 +Jerez Paco Sánchez Múgica

No falla. Es llegar esta época y siempre me asaltan retorcidos pensamientos al calor del rumor cansino del carrizo, el almirez y la botella de anís… de El Mono a ser posible. ¿Cuántos accidentes habría hoy día si el río de Cartuja fuera de vino y la autopista siguiera siendo de peaje? ¿Qué opina el obispo de ese cura que se escaquea con mil excusas para no ir a la iglesia o sobre ese romance de alto voltaje que relaciona al pecaminoso curita malito en la cama con un posterior flirteo con su criada? Y, por encima de todo, ¿qué ocurrió a los nueve meses de aquello? ¿Pudo surgir de esa noche el dicho ‘nunca digas de este agua no beberé y este cura no es mi padre’? ¿A qué se refería exactamente ese presuntamente subido de tono ‘que toma’ y ‘que dale’ aludiendo a las pruebas médicas para detectar el mal que afligía a la reputada Micaela? ¿Por qué todo el mundo desea lo peor y se acuerda de todos los familiares difuntos del intachable y apuesto marinerito Ramiré justo cuando va a ir directo de cabeza al agua? ¿Con qué dimensiones estaría dotado ese ‘viejo cagón’ que aporreaba la puerta a medianoche por gozar del amor de la ínclita Catalina?

Dudas que me asaltan simplemente ciñéndome de forma estricta a las letrillas que nos inundan estos días remontándonos al origen de lo que hoy en día todos conocemos como ese maravilloso invento socializador (consistente básicamente en reunirse, comer, beber y cantar) que es la Zambomba de Jerez. Algo único en el mundo, oiga. Porque fiestas típicas habrá muchas, pero salvando la Feria del Caballo, ¿queda alguna cómo ésta? Baje al Sur y viva alrededor de las llamas de una candela eso que llaman Zambomba jerezana (repetimos: Zambomba; no zambombá ni zambombada; rechace burdas imitaciones). Porque es ahí donde el nacimiento del niño Dios se conmemora cada mes de diciembre entre los cánticos probablemente más surrealistas, ardientes, paradójicos y socarrones que se entonen estos días en cualquier otra parte del orbe cristiano. Un asunto que tiene su lógica y sesuda explicación histórica pero sobre la cual les diré que basta con teclear en Google ‘origen zambomba jerezana’ para que seguro haya quien les ilustre infinitamente mejor que servidor sobre una fiesta que se remonta al siglo XVIII.

El caso es que es Navidad… según se mire. Lo cual tampoco tiene importancia si analizo con un poco de detenimiento, como les digo, la relación entre las coplillas de la Nochebuena jerezana, cómo la celebramos casi en modo bacanal romana por estos lares y esa mística sagrada que inunda lo que realmente se celebra. Entre una cosa y otra, puro disparate. Y hete aquí que en una laberíntica casa-vecinos de las pocas que se mantienen en pie y en óptimas condiciones de aprovechamiento en el intramuros jerezano hay un lugar llamado Damajuana. Seguro que lo conoce o ha oído hablar de él. Entre el café-bar de copas y el tabanco, con un estudio de grabación y una sala de exposiciones, este establecimiento de la calle Francos me ha hecho sentir y palpar hace unos días la perspectiva de que otra Navidad jerezana es posible, aún sin salirse del cogollo de nuestra tradición más genuina y sin tener que meterse uno forzosamente bajo el psicodélico (sí, también catetil) Árbol de Navidad de la plaza del Arenal. Allá que empezamos con el concierto de Se dan clases de Zambomba y acabamos en ‘Pero mira cómo beben’. Los primeros son como una suerte de Sergi Arola, reinventores de platos tradicionales bajo un nuevo concepto que tiene el arte de preservar el espíritu. Conservan la esencia de la letra aunque readaptan la música para que las calles de San Francisco (St. Francisco Street) suenen a funky o el lío del curita malito con su criada se te pegue en la oreja al ritmo del ‘Oye cómo va’ de Santana. Si el legado de Parrilla para preservar el patrimonio del villancico jerezano es impagable, lo de estos chicos bien podría ser lo que significó para el flamenco ‘La leyenda del tiempo’ en su día. Un soplo de aire fresco. Permanezcan atentos y, sobre todo, no se los pierdan en alguna de las citas de la apretadísima agenda que mantienen estos días.

Y pasamos a ‘Pero mira cómo beben’, que es el tentador título de la muestra colectiva que reúne hasta la próxima noche de Reyes a un generoso puñado de artistas, 24 jerezanos concretamente, en la galería del piso de arriba de Damajuana. Ilustración, pintura, diseño, fotografía y escultura sirven de vehículos para ofrecer otra mirada de esta entrañable época de paz y fraternidad en la que uno, pongamos por caso, se reencuentra con familiares a los que ha visto menos veces en su vida que cualquier capítulo de Los Simpson. Un nacimiento impregnado de chapapote, unos Reyes Magos en crisis y dándose a la bebida, un paje que porta un cartel de ‘Compro mirra’ en medio de la ‘Navidead’, la barba de Papa Nöel como un enorme slalom para los iconos de las ‘plusmarcas’ más típicas de la Navidad, dos meñiques unidos por el hilo rojo del destino, una realista reproducción de un parto como símbolo vivo de la Natividad, las ‘barbies Femen’ abortando esa vieja creencia de que los Reyes Magos eran tres señores del Lejano Oriente… Todo salido del entrañable (un decir) espíritu navideño que embarga a artistas como Domingo Martínez, Fernando Pinteño, Juan Ángel González de la Calle, Daniel Diosdado, Alejandro Mulas, Alberto Belmonte, Manu García… Visiones sarcásticas, corrosivas, deformes, irreverentes y alejadas de los tópicos-típicos que impregnan cada mes de diciembre estas fiestas en esta tierra. Lo mismito que esas delirantes y sublimes letras de villancicos jerezanos que tanto nos identifican con este tiempo pero que, si analizamos detenidamente, si tienen algo que ver con la Navidad y sus derivados es pura coincidencia.

Autor: Paco Sánchez Múgica

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