Un año especial por las connotaciones lógicas tras superar el percance de Zaragoza pero con una respuesta aplastante e increíble de la superación ante la adversidad. Setenta y una corridas toreadas, 170 orejas y seis rabos son números que hablan por si solos de una temporada intensa.
El año ha estado marcado por la regularidad, en el circuito de las figuras, siempre en los días señalados de cada feria. Padilla, ha respondido ante la demanda de un torero, que llevaba ya más de diez años cosechando triunfos, ante las ganaderías duras. Una temporada rematada en Zaragoza con una puerta grande de peso tras dos tardes de éxito.
El torero ha tenido la recompensa de haber sembrado con creces dentro y fuera de la plaza.