Fue en un caluroso mes de agosto de hace ya 23 años aunque lo recuerdo con total nitidez. La puerta de casa de la abuela abierta de par en par para sofocar el incendio nocturno y de fondo aquella voz grave y rotunda que escupía a borbotones el robusto televisor Telefunken. Supongo que emitían Informe semanal y sé con certeza que no podía apartar la mirada de aquel reportaje pausado y minucioso a propósito de un suceso que había conmocionado al país el domingo anterior. Los hermanos Izquierdo salieron a cazar tórtolas, según les dijeron a sus hermanas al abandonar la casa familiar, y en su lugar segaron nueve vidas humanas y dejaron una quincena de malheridos por las calles. La masacre rural de Puerto Hurraco fue fruto de unos tipos que sabían manejar rebaños de mil ovejas y que en las pruebas psiquiátricas no dieron positivo. Nada de enfermos mentales de la España profunda. El odio histórico y enfermizo entre dos familias de esta remota pedanía extremeña derivó en una matanza a cartuchazo limpio de las que una sociedad civilizada difícilmente se olvida. Las lindes de una finca y una historia de amor no correspondido fueron las semillas de unas rencillas de décadas que tuvieron esta brutal masacre como desenlace. Total, tonterías que se enquistan.
Afortunadamente, no ha sido para tanto, pero más de uno que ha vivido en primera persona el conflicto de esta semana entre El Torno y Revilla (San Isidro) no ha tenido más remedio que acordarse de aquella tragedia de Puerto Hurraco. Tan caldeados se tornaron los ánimos entre los vecinos del Jerez rural que hasta la policía tuvo que intervenir para evitar males mayores. La guerra abierta por el coste de la romería que paseaba a la Virgen de Fátima entre estos pueblos, y que tradicionalmente sufragaban ambas entidades locales, ha desatado las iras de algunos vecinos que incluso vertieron amenazas y dejaron claro que si la imagen procesionaba la partíamos. Esta noticia, que surge bien entrada la segunda década del siglo XXI y ya superada la era de la información, parece formar parte de esa máquina del tiempo en la que insufriblemente nos han montado hoy en día y que nos retrotrae a un oscuro pasado a marchas forzadas. Pero la verdad es que también podría estar a la altura del mejor guión de Berlanga o del Fellini del neorrealismo italiano. Supongo que la Lomce, la décimo tercera ley educativa de la Democracia y donde la religión pugna directamente por robar el protagonismo y la relevancia a las matemáticas y la lengua, vendrá poco a poco a reforzar estos extremos. Visto lo visto, lo que todavía no termino de explicarme es como las reformas del PP insisten en suprimir algo tan arraigado en las profundidades de nuestro patrimonio nacional como son las pedanías.