Puede, quién sabe, que no les falte razón y que el futuro del evento, de capa caída y con menos tirón por año que pasa, sea oscuro. La podríamos suscribir en la actualidad pero esa frase la escribí en 2009 a propósito de la crónica que hice de la Fiesta de la Bulería de aquel año. Cuatro años después, o cuatro años antes lo mismo da, volvemos al monotema de cada septiembre: ¿tiene futuro la tercera gran reunión flamenca más antigua de España? A la vista de la acogida de público de la edición celebrada el pasado sábado la respuesta parece claramente negativa. Si, como decimos, los aficionados llevamos ya muchas ediciones barruntando el cataclismo, ha sido esta vez, a sus 46 años, cuando la Bulería ha tocado fondo. Al parecer, ni mil personas se congregaron en el coso de la calle Circo para asistir a un espectáculo que, sin embargo y según cuentan las crónicas, fue notable en cuanto a participación artística. A falta de que el Ayuntamiento diga esta boca es mía, se arremangue y analice a viva voz por dónde pasa el futuro de la Fiesta, una cosa es clara: nadie se pone de acuerdo.
Los que iban a poblar los tendidos de botellonas no van porque ya no dejan entrar botellas ni neveras; los puristas más rancios y ortodoxos siguen repitiendo que ellos no van porque ya hemos visto todo lo que teníamos que ver, o sea que nada volverá a ser como antes y hoy en día, según ellos, ya no quedan artistas; después también están esos buenos aficionados de barra de bar que jamás van a pisar ese albero porque por su cabeza no pasa gastar ni un céntimo en una entrada para escuchar algo que en Jerez parece que tiene que ser gratis por decreto de Alcaldía. Y luego está la crisis socioeconómica, que también obliga a muchos a priorizar sus gastos y a quedarse en casa si: a) no tienen dinero para invertir en Cultura; b) no quieren gastar su poco dinero en un cartel que no les atrae demasiado. El caso es que entre unos y otros, la Bulería se ha quedado como un viejo objeto exótico que sólo interesa básicamente a una minoría de extranjeros que, como la canción de Aute, pasaban por aquí…
Decenas de veces se ha cantado en ella eso de apágame la luz y enciéndeme la luz, y al final parece que esta fiesta grande del flamenco jerezano se ha quedado a dos velas, cortocircuitada, y con pocas ideas sobre cómo reinventarse. Pero la solución, coincidimos muchos, es sencilla: programar siempre a quienes tengan más gancho comercial (lo que no significa que sean los mejores) y/o buscar fórmulas ingeniosas de captar público (ahí queda para el recuerdo la expectación que suscitó la ya mítica reunión flamenca VORS. Jerez al cante), así como promocionar debidamente el evento (no sólo en San Fernando, no sólo con presentaciones de chichinabo). Si la Fiesta de la Bulería sigue manteniéndose como una reliquia, como un cuerpo extraño sobre el que verter todas las críticas del mundo y proponer pocas alternativas, difícilmente podrá seguir cumpliendo años. En manos de todos está la supervivencia de una tradición singularmente jerezana, genuinamente flamenca, que jamás debería extinguirse en una ciudad que desgraciadamente ya ha visto de todo.
Autor: Paco Sánchez Múgica (periodista)