jesussotodepaula.lacoctelera.net/tags/jesus-soto-de-paulaSu nombre, José Martín-Vázquez Bazán (artísticamente Pepín Martín Vázquez), nació en el sevillano barrio de La Macarena un 6 de agosto de 1927. De profesión matador de toros, murió recientemente, el pasado 27 de febrero de 2011. Diciéndole estas señas pocos, muy pocos, sabrán de quién les escribo; pero si les digo que fue el torero que protagonizó la película "Currito de la Cruz", ya es otra cosa. He ahí su gran cruz, y con la cruz la enorme y fatídica injusticia. El hecho real de que la gran masa de la afición sólo le recuerde por su participación en una película y no como un torero importante de su época, dice mucho de la injusticia de la vida y de la falta de ética de la afición. Entiendo su participación en la susodicha película como una anécdota, pero sólo eso, una anécdota, brillante si se quiere, de un torero excepcional que tristemente ha estado casi olvidado durante muchas décadas por la mayoría de la afición. Las cornadas se ensañaron con este gran torero, y quizás dada la gravedad de muchas, le privaron de llegar más alto aún en su carrera. Pero Pepín Martín Vázquez ha sido un torero con un clasicismo tan profundo en sus entrañas que pocos han sido capaces de superar. Llámenle ángel, o gracia sevillana, a lo que este torero derrochaba por los alberos. Llevado siempre por la naturalidad como bandera, los aires de Martín Vázquez están en la cúspide junto a los grandes toreros sevillanos, tales como Chicuelo o Vázquez. Magistrales eran sus gaoneras, plenas de enjundia, con esa difícil facilidad de los elegidos. Pero mayor aún era su clase con la muleta; su toreo firme a pies juntos (quizás algo influenciado por ese toreo majestuoso y seco de Manolete) era de enorme armonía. Sus naturales embebiendo la embestida, abrochados por la sevillanía de sus remates, enardecían los tendidos. Pues toreaba este torero como sólo los toreros de su época sabían torear, con ese concepto del toreo eterno metido en el tuétano de los huesos. Y a pesar de sus muchos triunfos en Madrid y Sevilla, sé que Martín Vázquez nunca fue contado como mereció. Incluso me atrevo a decir que ha sido olvidado hasta el día de su muerte, presa del pozo del olvido por una mayoría. Y si acaso estas humildes letras pueden hacer revivir el agua y el aroma de su toreo a unos pocos, me daré por satisfecho. Jamás el olvido podrá con la eternidad, aunque ésta cierre los ojos a sus hijos.