Un papelón

06/12/13 +Jerez Paco Sánchez Múgica

En Jerez hay dos clases de papelones: el de churros y el de ‘pescao adobao’. Pero en el fondo, si lo piensas (juro que de vez en cuando no está tan mal), el adobo puede ser para nosotros lo que para los norteamericanos pueda ser el kétchup. Un engaño, una estafa. Marinar está bien; adobar por adobar, un timo. Échale adobo a un alimento pasado y enmascararás todo el (mal) sabor acumulado, ya sean costillas o cazón. Que no digo yo que exista quien adobe algo con buenas intenciones, pero, que se sepa, este condimento-aliño se utilizó de toda la vida con fines poco confesables. Es decir, para dar salida y colar esa carne o pescado que ya empieza a oler por, básicamente, llevar más tiempo del recomendable en la nevera sin que nadie haya sido capaz de hincarle el diente.

Algo parecido sucede con nuestra Constitución. Hoy es su día. Y apesta por mucho que la adoben y la soben. Apesta porque es carne corrompida, porque su literatura caducó, porque sus grandes mandamientos son papel mojado que perdieron el espíritu y la esencia desde mucho antes de la irrupción de ese gran engaño colectivo que llaman crisis generalizada. Uno puede leer hoy la Constitución como quien se parte el pecho con un monólogo del Club de la Comedia. O, si ya estás muy cabreado y no te llega el papel en el baño, pues también puedes darle un uso mucho más productivo e higiénico.

Apenas dos reformas explícitas en 35 años y un pestilente reguero de incumplimientos que hacen que esta norma suprema del ordenamiento jurídico del Reino (por poco tiempo) de España esté hoy clínicamente muerta. Una norma suprema en adobo. Quiere saber bien en la forma pero apesta terriblemente en su fondo. Porque hoy que todos sabemos el precio de todo sin conocer el valor de nada, a la manera de Wilde pero 150 años después, gran parte del contenido de mayor trascendencia de nuestra Constitución no significa absolutamente nada. Todos los españoles tienen derecho al trabajo (…) y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades es una frase digna de ser incluida actualmente en cualquier antología de los 100 mejores chistes que se venden en las ferias del libro de saldo. Qué le pregunten a los más de 5 millones de desempleados desesperados si el artículo 35 de nuestra Constitución tiene vigencia alguna.

Pero hay muchos más casos de esta podredumbre constitucional, así que ándese con cuidado. Warning. Caution. Fíjese en el artículo 47, el que dice que todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y piense en los miles y miles de desahuciados, de ‘sin techo’, y en los cientos de miles de pisos vacíos que el crash del ladrillo dejó varados, contradictoriamente deshabitados; o váyase al artículo donde habla de la educación y piense en los recortes de docentes, de becas, de infraestructuras… O lea ese otro donde se otorga el derecho de libre reunión pacífica y acuérdese de la Ley de (in)Seguridad Ciudadana. O mejor aún, váyase al chascarrillo del derecho a la protección de la salud y luego pida cita para revisarse ese bultito que tanto le acojona. Si uno profundiza verá que el sabor del adobo da paso al alimento semiputrefacto con muchos más ejemplos que dejan a las claras que hoy podrá ser un día de reflexión colectiva pero nunca de celebración. 6 de diciembre, vaya papelón.

 

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