Un Premio Ondas, voluntario en Cruz Roja

12/04/16 +Jerez Juan Ignacio López

Se llama Rafael Plaza Checa. Aunque es natural de Cuenca, tiene mucho de jerezano. En la segunda mitad de los años 70 llegó a Radio Jerez, donde fue Redactor Jefe. Años después recibía el Ondas al primer Informativo Regional que se hacía en nuestro país. El programa ser realizaba en coordinación entre los estudios de Radio Jerez y Radio Sevilla. Tras una dilatada trayectoria, este jerezano de adopción, amante de la gastronomía autóctona y de la música más selecta, se unió hace más de dos años a la importante labor de Cruz Roja en Jerez.


Rafael Plaza no es un tipo corriente. Atesora una trayectoria profesional que otros para sí quisieran, en un noventa por ciento entroncada con el apasionante mundo de la radio. Ha sido profesor, redactor, redactor jefe, subdirector, director, director de comunicación, director de contenidos y ha publicado algún que otro libro. Su dedicación le ha llevado a vivir en Madrid, Málaga o Sevilla, aunque nunca ha perdido el contacto con el Jerez del que se enamoró hace casi 40 años.


No hace ascos a un buen disco de Van Morrison, de los Eagles o de Paul McCartney, le embruja escuchar a La Macanita o a Fernando de la Morena, aunque siente una especial debilidad por el clásico de Neil Diamond ‘Play me’, del que presume tener varios formatos y versiones. A Rafael Plaza le hierve el veneno de la radio. Es uno de esos profesionales de raza que, pese a su veteranía y expertos conocimientos, tienen el detalle, la educación y la delicadeza de alentar a las voces de la radio que aún siguen en activo: a los ‘pipiolos’ y a los veteranos. Eso, a mi entender, se llama saber estar.


Rafael me dijo un día, con el tono socarrón que le caracteriza cuando le tratas de manera cercana, que una vez alcanzada la edad de jubilación, entre mis deseos no figuraba estar dando vueltas por la calle Larga”. Se apuntó como voluntario en Cruz Roja (Jerez) y a los diez días ya le estaban nombrando responsable de comunicación y de los servicios preventivos terrestres. Una actividad esta última bastante compleja, ya que consiste en organizar permanentemente servicios sanitarios y preventivos. En primavera, con la Semana Santa, el Gran Premio de Motociclismo y la Feria, hay faena para dar y regalar.
Lo bueno es que estoy muy ocupado, disfruto muchísimo y me queda la satisfacción de colaborar con algo útil”, me decía cuando se incorporó a Cruz Roja.

Ha vivido la época más efervescente de la radio, ha asistido a los grandes cambios de este medio, conoce a los más grandes de las ondas y se ha codeado con nombres históricos de las últimas cuatro décadas. A pesar de ésto, Rafael Plaza siempre ha sido un tipo sencillo, o lo que yo comparo con ‘un mirlo blanco’ en un mundo, el radiofónico (os aseguro que lo conozco muy requetebién), donde el ego juega a veces malas pasadas.


Las barbas, junto a su característica voz radiofónica, le otorgan un rol de persona seria (algo que contrasta con su faceta más íntima, en el ambiente familiar o de un grupo de amigos). Es lo que diríamos ‘todo un personaje’, en el sentido más literal de la palabra.

Siendo Jefe de Informativos en Radio Jerez, le tocó ser testigo de una noche histórica: la del 23-F de 1981, denominada como ‘la noche de los transistores’. Plaza pasó toda la madrugada en la emisora, situada entonces encima de Gráficas del Exportador, en el número 15 de la Calle Caracuel, conectando con Sevilla y telefoneando a todos los contactos de su valiosa agenda. El objetivo: informar a la población de cómo repercutía o no lo que estaba pasando en el Congreso de los Diputados, en Valencia o en otros puntos de España.


Poco después recibiría de manos del Director General de Radiodifusión el Premio Ondas al primer Informativo Regional en España. Se hacía desde Radio Jerez y Radio Sevilla para toda Andalucía.
Rafael Plaza vive ya alejado de los micrófonos, aunque la radio siempre será su gran pasión. Ahora comparte su enorme sabiduría y experiencia comunicativa en el mundo del voluntariado.

Coincidencias de la vida entre los voluntarios de Cruz Roja y los profesionales de los medios de comunicación, trabajando más en las grandes fechas, fiestas y eventos, mientras otros se divierten. Una razón más para descubrirse ante este personaje que, en estos días, no dudará en colocarse el chaleco de Cruz Roja y seguir arrimando el hombro, obteniendo, sencillamente, la satisfacción de sentirse útil. 

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