¡Vamos de Rastrillo!

21/01/17 +Jerez Juan Ignacio López

Perderse entre los puestos del Rastrillo de Jerez es toda una experiencia. Un placer o un entretenimiento que gana enteros si saboreas un cartucho de papas recién fritas mientras paseas y te das una ‘ración de vista’, una mañana de domingo en la Alameda Vieja.

El encanto de este mercadillo no tiene competencia frente las páginas web y las tiendas de compra-venta de artículos usados surgidas en los últimos años. Tal como hoy lo conocemos, comenzó a funcionar en septiembre de 1989, con unos doscientos puestos, bajo la organización del ayuntamiento. Sin embargo, los inicios de este ‘mercadillo de la ganga’ apuntan a 1945. Unas treinta personas intercambiaban cromos, estampas, tebeos o novelas, los domingos y festivos, en la Plaza Arboledilla y, posteriormente, en calle Bodegas, junto a La Escalerilla.

En los primeros años 70, la calle Parada y Barreto, que separa la Plaza de Abastos y la Iglesia de San Francisco del edificio donde se encuentra la emblemática cafetería ‘La Vega’, acogía los domingos la instalación de varios puestos, especialmente de sellos y monedas.

Este Portobello Road jerezano dispone en la actualidad más de 500 puestos de antigüedades, coleccionismo, libros y revistas, artesanía, instrumentos musicales y objetos usados: desde un gramófono, discos, películas o una vajilla hasta ropa, piezas de cerrajería o herramientas. Cualquier cosa que ya no interesa a alguien y que vende a un precio irrisorio.

En 2003, el tradicional rastrillo fue trasladado a la Plaza de la Merced, Calle Muro o Plaza del Mercado, a causa de las obras del aparcamiento subterráneo de la Alameda Vieja, volviendo al habitual emplazamiento una vez concluidas. El majestuoso enclave resulta de lo más acorde para poder bucear entre ilusiones a bajo precio. Junto a histórico muro del Alcázar, aguardan, cada domingo un sinfín de objetos usados. Cada uno con una historia detrás, esperando a que alguien se fije en él, cierre su precio con quien lo vende y pase así a tener ‘una nueva vida’.

Varios discos de vinilo, una radio transistor National Panasonic de los años 60, en perfecto estado de conservación y funcionamiento, u otra más antigua, de las de madera y a válvulas. Encontrar estas ‘joyitas’ en el Rastrillo de Jerez es posible.

Me chifla el coleccionismo de discos. En el Rastrillo es fácil comprarlos ‘al puñado’. Recientemente ‘rescaté’ del manoseo y la indiferencia discos, singles de vinilo, a 45 r.p.m., que un querido amigo no dudó en etiquetar como VORS: por ejemplo, ‘Bridge over troubled water’, de Simon & Garfunkel, ‘Yo soy aquel’, de Raphael o ‘Libertad sin ira’, de Jarcha. Tres canciones históricas por un euro, incluyendo el valor sentimental que entraña la ‘papafrita’ de los discos.

El rastrillo ha ido creciendo en los cerca de treinta años de su historia más reciente, ocupando en la actualidad el perímetro del Alcázar y la Alameda Vieja, extendiendo sus brazos por calles Puerto, Armas o Manuel María González. Por su ubicación, en pleno centro y casco histórico, es, sin duda, una de las opciones más atractivas para una mañana de domingo en Jerez.

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