Vendimia rock, ¿y por qué no?

23/08/13 +Jerez Paco Sánchez Múgica - Foto: Juan Carlos Toro

Aranda de Duero, poco más de 33.000 habitantes al sur de la provincia de Burgos. Pero ojo, capital de la Ribera del Duero en Castilla y León.

Hace unos días se ha dado carpetazo a la edición más multitudinaria, unos 10.000 asistentes, del festival internacional de música pop-indie que acoge el centro de la localidad. Se llama Sonorama y, aunque suma 16 años, a usted quizás no le suene.

Si bien suele convertirse cada año por estas fechas en uno de los grandes atractivos del final del verano musical español. Su impacto económico en Aranda y en la provincia burgalesa ronda los 2,5 millones de euros y de momento resiste con solidez el tremendo chaparrón de la crisis.

El impacto en promoción y difusión de la que ellos denominan oficialmente ‘Marca Aranda’ seguramente sea muy superior a las cifras referidas. Allí el Consejo Regulador de Ribera del Duero lo tiene claro: es el principal patrocinador de una muestra que este año ha tenido en su cartel a grupos y artistas tan renombrados en estos círculos como Belle and Sebastian y Travis, junto con otros pujantes grupos de la escena independiente patria como Lory Meyers y Pony Bravo.

Suficientes, entre otros, para atraer a varios miles de aficionados a la buena música… y al vino. Porque esos días también ceden el protagonismo a los caldos rojos, la gran singularidad junto al cordero de esta tierra leonesa. El Consejo asegura que su objetivo al patrocinar el escenario central del festival es “difundir la cultura del vino de calidad entre los consumidores más jóvenes”. Un acierto, pues evidentemente serán los grandes consumidores-clientes del futuro.

Ojalá la distancia entre Jerez y Aranda de Duero fuera exclusivamente de 787 kilómetros como señala Google Maps. Desgraciadamente, en cuestiones vitivinícolas, culturales y de promoción turística, pareciéramos estar a años luz. No por diferencias de calidad en los productos, en lo que se oferta o se podría ofertar, sino principalmente en difusión, divulgación y penetración en el mercado.

También en imaginación (esperemos que sólo sea eso) de quienes gestionan. Este verano, en el que se cumplen 14 años desde que los terrenos aledaños al circuito albergaran la primera edición del Espárrago Rock fuera de Granada, no puedo más que lamentar que aquí no pudiésemos continuar y potenciar aquel mítico festival que alcanzó relevancia a nivel europeo hasta codearse con la elite festivalera internacional, entre Reading y Glastonbury. Tras dos irregulares años iniciales, debido principalmente a las fechas elegidas para celebrar el festival (Semana Santa) y a las catastróficas condiciones climatológicas de la segunda edición.

El Espárrago remontó en 2001 y congregó a unas 20.000 personas frente a un cartel apabullante encabezado por Beck y Neil Young, artistas de culto ante los que se frotaban los ojos los melómanos de estos lares al oírlos en directo. Artistas, por cierto, que compartían cartel con estrellas del flamenco, una seña de identidad innegociable que también incluía este singular Espárrago. Ese ‘boom’ pudo ir a más de haberse consumado, por ejemplo, el enorme interés comercial y promocional que despertó para las bodegas, las antiguas líderes de la industria local.

En abril de 1999, hay titulares de prensa que destacan: “El Espárrago Rock se convertirá en una de las actividades principales para la promoción de Jerez”. Y del jerez, habría que añadir. Incluso pudo llamarse Brandy Music Festival o Sherry and Brandy Musical Festival, pues las principales marcas bodegueras de la ciudad, cuando aún tenían mucho que decir, se peleaban por patrocinar escenarios. Pero todo eso se perdió como lágrimas en la lluvia y la mala situación económica de los promotores del evento no se vio impulsada por el empuje del sector del vino, que hubiera resultado decisivo para hacer crecer con vigor aquella cita musical tan emblemática y, de paso, ampliar el impacto positivo que tenía para la ciudad y la provincia.

Luego nos adelantaron por la derecha y los tintos del Norte acabaron llevándose el prestigio, la fama… y la buena música. ¿Podría recuperarse algo parecido? La prueba volveremos a tenerla este fin de semana en el Cortijo de Ducha, donde gracias a la iniciativa privada ha surgido un interesante germen denominado Sherry Sound Festival. La experiencia de su primera edición fue excelente aunque algo corta de público. Si el cartel es capaz de crecer con palabras mayores, la cosa se puede poner de lo más interesante con vistas a años venideros. Las bodegas, por supuesto, ni se han enterado. Miro entre los colaboradores-patrocinadores y solo veo a una marca de cerveza y a otras tres de whisky, ginebra y ron. Así nos va.

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