
<?xml version="1.0" encoding="UTF-8" ?><rss version="2.0"><channel><title>Masjerez</title><link>http://www.masjerez.com</link><description>Masjerez magazine</description><item><title>Y la Pena se hizo carne</title><plataforma>Flamencomanía</plataforma><link>https://flamencomania.es/podcast/27447</link><description>En su conferencia de 1922 sobre el cante jondo, Federico García Lorca consideraba la siguiriya como expresión quintaesenciada de la pena: las más infinitas gradaciones del Dolor y la Pena, puestas al servicio de la expresión más pura y exacta, laten en los tercetos y cuartetos de la siguiriya. Más aún, parafraseando la cita evangélica de y la Palabra se hizo carne -Verbum caro factum est-   señalaba que en el cante jondo la Pena se hace carne, toma forma humana.
Quiero en este artículo aproximarme a esta cuestión, analizando unos tientos-tangos de Antonio Agujetas (audio). En primer lugar, llevaré a cabo un análisis semántico.
La escena se sitúa en una imaginaria casa de la pena. Ni siquiera allí tiene posada su dolor:
En la casa de la pena
Ya no me quieren a mí
Porque mi pena era más grande
Que las que habitan allí.
A continuación, la pena se derrama en llanto, que no cesa. De nada le vale secarse las lágrimas, porque una sola lágrima es como un río:
Y una lágrima de llanto  me se ha caío
Por mucho que la seco me se  hace río.
En el siguiente tercio se acentúa este mismo tema. Ni la muerte, ni el llanto pueden mitigar la pena:
A golpes, a golpes me mato
Por mucho que lloro y lloro
Las penitas no las aguanto.
Finalmente, el colmo es ver el llanto de la madre, que lo ha engendrado en su seno:
A mi mare vi llorar (este verso lo repite 4 veces)
Y nunca más en la vía
Eso me se pué olviá.
El análisis semántico nos ha descubierto la unidad temática de estos tientos: la pena. Sin embargo, el estudio quedaría incompleto sin la escucha del cante, porque, como apunta el poeta José Ángel Valente: no hay copla que no sea cuerpo, voz: razón corpórea de la poesía y del cantar. El cante de Antonio Agujetas deja aparte la razón técnica y se adentra en las profundidades de otra razón, la razón sentiente, la razón que busca la emoción. Su cante, exento de todo adorno, llora la pena, la transmite, la comunica.
No sé si, como dice el poeta Manuel Machado, cantando la pena, la pena se olvida. Lo que sí sé es que escuchar el cante de Antonio Agujetas me devuelve al hombre de carne y hueso del que habla Unamuno, tan diferente del que imagina la ilustración racionalista.
Y la Pena se hizo carne y habitó entre nosotros: el cante de Antonio Agujetas.</description></item></channel></rss>