Azotéame

09/07/13 +Jerez Paco Sánchez Múgica - Foto: Juan Carlos Toro

Dicen que las bicicletas son para el verano pero realmente de lo que es tiempo es de azoteas. Están de moda y vuelven por sus fueros, tan comunitarias y socializadoras como fueron antaño. Salvoconductos contra el calor, escaparates de estrellas y rendijas ‘voyeurísticas’ e indiscretas desde donde mirar por encima del hombro a la recesión. Mucho más que la moda del Live the roof, que también, lo que se lleva es tomar el fresco, y lo que se tercie, en una coqueta azotea. Hace ya varios años que los veranos dejaron de ser desérticos en Jerez por el abrumador éxodo de veraneantes y domingueros al litoral. Entre la crisis galopante y los controles de alcoholemia en las carreteras, la gente se hace ahora fuerte en el interior durante julio y agosto y surgen las buenas ideas. Abran paso a la imaginación. Paseo un sábado por la noche por el centro y da gloria ver Plateros y Rafael Rivero con ese ambiente verbenero, plazas atestadas de público que más o menos consume en los veladores masificados. En Rivero se lo han montado especialmente bien y hay grupos que amenizan con música en directo a los clientes de los bares que, si sirve de precedente, han hecho piña y van todos a una. Pero hay opciones no menos interesantes a poca distancia entre sí. Subimos Porvera hasta llegar a Chancillería. Allí hay un monumento al buen gusto que se llama Hotel Chancillería, primero, y Restaurante Sabores, de inmediato. En Tryp Advisor baten récords de excelencia. Entra uno como Pedro por su casa y sube las escaleras que desembocan en una azotea íntima, sin demasiados rollos de diseño ni nada por el estilo. Luz tenue de farolitos y velas. Mucha cal y teja. Ambiente hospitalario al instante. Un cuartito de juegos y un rollo ‘chill out’ que transporta casi al horizonte de El Palmar. Se va uno directo a la barra y pide lo que allí llaman ‘Fernandito’, único en Jerez. Es la hostia como el brandy gran reserva de la bodega Rey Fernando de Castilla sustituye con tantísimo buen sabor al ron blanco del clásico mojito. Digo yo que el olor de la yerbabuena empieza a hacer su efecto y una mirada furtiva al ladrillo visto del siempre por descubrir convento de las Reparadoras termina de ‘colocarnos’ bajo el manto de estrellas a 30 y muchos, casi 40, grados a estas horas de la noche. Estos días de verano están sucediéndose los conciertos y algunos de esos directos son de lo más apetecibles. Al igual que ocurre un poco más al Sur del casco viejo jerezano. En uno de esos negocios con encanto que han brotado entre la que parece ruina de ‘posguerra’ del centro histórico. La terraza-mirador de los baños árabes Hammam Andalusí tiene un encanto especial y permite una vista singular de la Catedral de Jerez, mágica desde esa otra perspectiva iluminada al anochecer veraniego. Otro de sus alicientes, aparte de la programación nocturna casi diaria, son los sorteos entre los asistentes de sesiones en el SPA, lo que anima aún más esta bella estancia en las alturas. Hay cócteles e incluso creo que dan también cenas en unas instalaciones que, siguiendo con la popular web de viajeros, con más de 100 millones de comentarios y reseñas de todo el mundo, han obtenido certificado de excelencia en este año. En Facebook, of course, se le da a 'Me gusta' y puede uno estar al tanto de todo lo que se cuece en esas azoteas. Simples azoteas que, como por arte de magia, convierten el tedio veraniego local en refrescante encuentro nocturno con la tradición, el pasado, y, por qué no, el futuro de esta ciudad. Quiero más. Quiero subir más alto.

Advertisement