El Banco de Alimentos jerezano ha hecho entrega en los primeros seis meses de este año de 144.000 kilogramos de productos de primera necesidad, mientras que 125 banqueros españoles siguen ganando más de un millón de euros al año, a una media de 2,4 millones por barba, la cifra más alta de la zona euro según la Autoridad Bancaria Europea. Cáritas se desborda mes a mes de clase media baja, de desclasados, de indigencia que vaga hasta sus centros en busca de una cucharada de alimento mientras el número de ricos en nuestro país al parecer creció un 5% en los últimos doce meses. Siguen aumentando las comunidades que crean comedores sociales, especialmente, para los más pequeños porque muchos niños españoles pasan hambre, mientras Google España factura 38 millones de euros al año y únicamente paga 33.000 euros de impuestos. ¿Lógica económica? Demencia, más bien. El capitalismo más salvaje y despiadado ha dinamitado ese falso desarrollismo ilimitado que vivíamos hasta hace cinco años. Los de mi generación pensaban que esto sólo iba a más y ni mucho menos pasaba por la cabeza vivir peor que vivieron nuestros padres o tener menos oportunidades que tuvieron ellos. Hoy la realidad es la supervivencia y la constatación de que la fractura social cada vez es mayor porque los ricos son más ricos y los que antes no eran pobres, ahora empiezan a serlo en masa. No hablemos ya de los que ya eran pobres. Lo recoge a la perfección el controvertido economista Santiago Niño Becerra en su Más allá del crash. En una partida de póker, el que acumula mayor riqueza siempre tiene más posibilidades de farolear y de aumentar su patrimonio. En el otro extremo, el desahuciado, el que se juega todo a una carta, es muy probable que acabe mordiendo el polvo porque apenas tiene oportunidades para pujar fuerte. Y parece que esta macropartida de cartas que juegan los poderosos, los dictadores que rigen los mercados, no culminará hasta que quede eliminada toda esperanza en ese mañana mejor que nos prometieron a todos por igual. Pero, salvaguardados los derechos fundamentales que recoge nuestra Constitución, como empleo, vivienda, educación, sanidad…, ¿en qué consiste ese mañana mejor? ¿En consumir más, en valorar sólo lo material, en la eterna insatisfacción, en no pensar en nada, en el egoísmo más salvaje, en el deseo constante de poseer, en la especulación masiva? Si se trata de que todos volvamos a eso en manada, como aquellos nuevos ricos catetos del ladrillo, casi mejor que nos quedemos como estamos y que no amanezca. Muchos de aquellos nuevos ricos lamentan que nada vaya a volver a ser como fue en la época dorada del boom de 2000. Afortunadamente.