A veces las grandes historias empiezan con una mala decisión y cinco bichos sueltos. Hace setenta años, en el Puerto de Cádiz, alguien decidió abandonar un mono, dos avestruces y dos chacales. No era el comienzo de un documental de La 2, era simplemente gente siendo gente: "ya nos apañaremos". Lo que nadie sospechaba es que ese pasaje inicial iba a terminar convirtiéndose en una de las joyas de Jerez: el Zoobotánico.
El Ayuntamiento vio el marrón, lo convirtió en oportunidad y dijo: "pues 'pa' Jerez". Los animales acabaron en los Jardines de Tempul y allí, casi sin querer, empezó a latir algo que ni nombre tenía pero que ya pedía futuro. Un zoo chiquitito, improvisado, un "zooíto", como lo llamaba su padre adoptivo: Alberto Durán.
Y aquí entra en escena el otro protagonista de esta película: Fulgencio Arias, periodista, jerezano del 73, cuatro hijos y una paciencia de santo. Este hombre ha pasado seis años entre legajos, polvo y archivadores del Ayuntamiento para, en el libro 'Zoobotánico Jerez, El Sueño de Alberto Durán (1951-1969)', responder a una pregunta que nadie se había tomado en serio: "Pero, esto del Zoobotánico… ¿cómo empezó exactamente?".
Unos tipos traen cinco animales para venderlos a los zoos importantes de la época. En España solo había dos: Madrid y Barcelona. Nadie compra el pack. Nadie. Ni el mono, ni las avestruces, ni los chacales. Y en algún despacho alguien dice la frase que sostiene media historia de Andalucía: —Bueno, pues 'pa' Jerez. Y allí van. A los Jardines de Tempul. Como quien se quita un marrón de encima y, sin saberlo, le regala a una ciudad un futuro que ni se imagina.
El citado libro, editado por Peripecias Libros, está ya disponible en librerías.