Manuel Delgado Villegas nació en Sevilla en 1943 y su detención se produjo en El Puerto en 1971, cuando contaba 28 años de edad. El mayor asesino de España en tiempos de paz, según lo define Francisco Pérez Abellán en su libro Crónica de la España negra (Espasa, 1997) -muy recomendable su lectura para los aficionados a las historias de crímenes-.
Su detención se produjo tras el asesinato por estrangulamiento de su novia, Antonia Rodríguez Relinque, que padecía oligofrenia. En los interrogatorios llegó a confesarse autor de 48 crímenes pero la Policía interpretó que en algunos pudo existir cierta fabulación, por lo que procedió a investigar veintidós, de los cuales se probó la autoría de siete muertes. En otros casos no se hallaron pruebas suficientes o no se profundizó en ellos al tratarse de hechos acaecidos en el extranjero. Sin embargo, los detalles precisos ofrecidos por El Arropiero y la frialdad con la que contaba cada una de las muertes planteaban serias dudas respecto a la verosimilitud de sus testimonios.
El Arropiero falleció hace quince años en un hospital de Badalona por una afección pulmonar causada por su compulsivo consumo de tabaco -según sus palabras, llegó a fumar diez paquetes diarios-. Entonces estaba internado en un psiquiátrico de Santa Coloma de Gramanet, aunque la mayor parte de su vida la pasó en otros centros similares, en Carabanchel (Madrid) y Fontcalent (Alicante).
Nunca fue juzgado por sus crímenes al serle diagnosticada en 1978 una grave enfermedad psiquiátrica. Los siete años anteriores los pasó recluido de manera preventiva sin que se le nombrara abogado defensor.
Huérfano de madre al morir ésta en el parto de Manuel, tras su infancia y adolescencia, y siendo analfabeto, se alistó en la Legión, donde aprendió un golpe mortal en el cuello con el que luego dejaría sin vida a varias de sus víctimas. Desertó para iniciar una vida nómada por España y otros países, como Francia e Italia. Trabajaba en varios oficios y hasta hacía de chapero.
La primera muerte que se le atribuye es la del cocinero Adolfo Folch, en Barcelona en 1964. Luego, la de la ciudadana francesa Margaret Boudrie, en Ibiza (1967); el agricultor Venancio Hernández en 1968, en Chinchón (Madrid); el millonario Ramón Estrada, en Barcelona (1969); la anciana Anastasia Borrella, también en 1969, en Mataró (Barcelona); y en El Puerto, las del estudiante Francisco Marín (1970), vecino de su novia, y de la propia Antonia Rodríguez, en enero de 1971.
Poseía el cromosoma XYY, una alteración genética que se interpreta tendente a la criminalidad. Lo más espeluznante de sus crímenes es que practicaba la necrofilia con los cadáveres de sus víctimas femeninas, incluso días después de haberlas matado, como es el caso de Anastasia Borrella, Margaret Boudrie o su propia novia.
En el documental adjunto, de RTVE (1992), se incluyen declaraciones de El Arropiero en una entrevista durante su internamiento en Fontcalent. Sobre su detención tras el asesinato de su novia -a la que define como una mujer "guapa y buena"- indica que se quedó dormido y al despertar "la encontré muerta".