Trampantojo literario

24/11/16 +Jerez Juan Félix Bellido
Escucho una intervención en un programa de radio y me sorprendo de nuevo. Amo la palabra. Hace años que trabajo con ellas. Mi oficio literario y periodístico se ha hecho acompañar por ellas desde hace muchos años pero me producen cierta impresión extraña esos coletazos trasnochados de algunas instituciones, de algunos medios, de algunos foros. Ese barroquismo lingüístico sembrado de mareantes arabescos, con los que se quiere maridar el desierto con la erudición, cuando sobran formas y falta fondo.  Y es que, cuando no se tiene nada o poco que decir, la verborrea aumenta de manera exponencial y todo queda inundado de palabras en una conquista decidida por ocupar todo el espacio posible, asaltado por el horror a que los huecos que deja vacíos la falta de contenido delaten la falta de ideas. Además de una paleta amplia de palabras, sinónimos y enciclopedia, no aporta nada y se convierte así en ejercicio estéril sin herencia alguna para el mundo de la ideas y de la cultura. Los ejercitantes de este sistema, son incapaces de hablar en román paladino por miedo a que de esta forma se descubra la chácena del escenario, detrás del decorado donde es posible que sólo impere el vacío. Los que están en ayunas del contenido se quedan boquiabiertos por la catarata y hasta dicen “que bien hablado es el niño”. Y posiblemente lo es, aunque no diga nada. Son el trampantojo de la literatura. Expertos en devaneos de ilusionismo. Pero todo es falso, inconsistente, pura apariencia. El vacío es escénico, aunque abigarrado, pero, como escribiría Machado, “el vacío es más bien en la cabeza”. Y lo peor es la complicidad de algunos foros que permiten que se perpetúe la forma pero menos el fondo.
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